Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

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Manuel Moya habla sobre ‘Apuntes del natural’ libro con el que ganó el III Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado

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Vía: http://noticias.lainformacion.com/interes-humano/premios/manuel-moya-sobre-apuntes-del-natural-es-un-homenaje-a-aquellos-que-me-han-ido-alumbrando-en-el-camino_CrrJra9B5vJkVblcdqxvP4/

Con esta libro, el poeta onubense se ha alzado con el III Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado

El escritor onubense Manuel Moya (FuenteheridosHuelva, 1960)acaba de recibir el III Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado, que entregan el Ayuntamiento de Sevilla y la Fundación José Manuel Lara, por su obra ‘Apuntes del natural’ (Colección Vandalia), un homenaje a quienes pasaron por la vida del autor dejando huella. En palabras del poeta, este libro es un homenaje a aquellos personajes que “me han ido alumbrando en el camino”, con retratos que van desde Cortázar a Pessoa y desde Edward Hopper a Chirico.

“En este libro está gran parte de mi ADN literario, porque aunque siempre se quedan autores fuera, como en este caso Baudelaire o Cesare Pavese, los que están son gente que me ha ido alumbrando en el camino, a la que me siento cercano en el cariño”, por lo que el libro “es un también de homenaje a quienes me han ayudado en la vida”. Pero, matiza en declaraciones a Europa Press, “no son solo gente de literatura, también hay un poema sobre un niño que murió y otro a mi padre”, pues “siendo una galería de retratos en mayúscula, también hay mucha minúscula dentro”.

Además, Moya, quien afirma que el Premio Hermanos Machado es “muy especial” porque “Sevilla es mi ciudad de referencia y, además, soy machadiano”, explica que los personajes que aparecen en este poemario “son como esas balizas que se iba encontrando por el camino, que han llegado a su vida y de alguna manera se han ido quedando”. “Lo que he procurado hacer –continúa– es dialogar con ellos, y lo poemas no son más que diálogos tranquilos y serenos con esta gente que son para mí como grandes compañeros de viajes”.

Por otra parte, y a propósito de la realidad en que vivimos, Moya ve a la poesía “como una salida”, porque en los momentos de crisis económica y personal, la poesía “puede ser muy importante para valorar esas cosas pequeñas que hay en la vida”. “La poesía trata también de ser terapéutica en el sentido de asomarse al hombre”. Así, el poeta afirma que con sus poemas “no quiere huir de la realidad”, pero “me gusta subrayar esos aspectos humanos de la misma”, afirma.

“LA POESÍA PUEDE SER UN LUGAR PARA VOLVER A VIVIR LA VIDA”

“Con tanto sufrimiento, la poesía puede ser un lugar para volver a vivir la vida”, porque “la poesía es una mirada más humana sobre el mundo y sobre las cosas” subraya. De este modo, añade que la gente ahora “está tan perdida” que la poesía “puede servirle como una aspirina contra toda esta terrible realidad que nos acosa”; “lo que no significa que la poesía no deba ser combativa, de hecho debe serlo”, aclara este autor residente en la localidad onubense de Fuenteheridos y que se define como “hombre de raíces”.

“Lo que ocurre en un pueblo pequeño es que se tiende a ver la vida como una novela”, pues “al salir a la puerta, la realidad está con nombres y apellidos, con dramas y con alegrías, y eso es muy importante para el creador”, asegura Moya, ganador de otros premios relevantes de poesía como el Ciudad de Córdoba (1997), el Leonor (2001) o el Fray Luis de León (2010). Además, como prosista ha editado un libro de cuentos, ‘La sombra del caimán’, y las novelas ‘La mano en el fuego’, ‘La tierra negra’, ‘Majarón’ y ‘Las cenizas de abril’, Premio Fernando Quiñones 2011.

(EuropaPress)

En Ultramarina C&D hemos publicado obra de Manuel Moya, puedes conseguir su plaquette dentro del libro Forward>>Kioto, de Juan Villoro, el increíble escritor mexicano:

 

http://tiendaultramarina.com/category.php?id_category=40

 

Versión gratuita en formato digital en breve.

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#Noticia. #Juan Villoro participa en la campaña para recabar 100 mil firmas a fin de solicitar al Presidente que la Estela de Luz se convierta en Memorial de Víctimas.

“Se vale” darle un año a Peña: Sicilia


#Noticia. #Juan Villoro comenta el libro de Gabriel Orozco

El libro Gabriel Orozco es una cartografía del artista

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Sin saber lo que pasaba y ante el público que llenó la sala, el artista se refirió a su libro Gabriel Orozco dedicado a su exposición retrospectiva itinerante que comenzó en el 2009 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, (MoMA), y que posteriormente viajó por Suiza, París y Londres.

Ciudad de México • Mientras Gabriel Orozco (Xalapa, Veracruz, 1962), firmaba libros y recibía las felicitaciones de colegas, amigos y funcionarios por la presentación de su libro homónigo en la Sala Manuel M. Ponce, en la entrada principal del Palacio de Bellas Artes Artes, un numeroso grupo de invitados forcejeaba con el cuerpo de seguridad, que de plano les negó el ingreso.

No pudieron escuchar las palabras y elogios al artista mexicano, quien es considerado una de las máximas del arte contemporáneo a nivel mundial.

Sin saber lo que pasaba y ante el público que llenó la sala, el artista se refirió a su libro Gabriel Orozco dedicado a su exposición retrospectiva itinerante que comenzó en el 2009 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, (MoMA), y que posteriormente viajó por Suiza, París y Londres.

“Este libro lo hice pensando en México, porque sabía que la exposición itinerante estaría en cuatro países, pero no vendría a México, y creo que con razón, porque anteriormente yo había tenido una exposición en Bellas Artes”, precisó, no sin antes recordar, a seis años de su muerte, a Mercedes Iturbe, directora del Palacio de Bellas Artes y quien fue la curadora de esa muestra.

Orozco aceptó que el ejemplar es una bitácora que intenta aproximarse a una historia cronológica basada en hechos reales, que dan cuenta de dos décadas de trayectoria artística, por lo que no es una publicación especulativa, ni filosófica.

La primera en participar en la presentación del libro Gabriel Orozco fue María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, quien dijo admirar el trabajo de Gabriel Orozco, el cual es apreciado tanto en México como en el extranjero por su talento y rigor intelectual.

“Esta noche es significativa porque presentamos un libro largamente esperado, que contribuirá al mayor y mejor conocimiento del universo orozquiano (…) Esta obra está llamada a contribuir a desenterrar muchos prejuicios”.

La crítica de arte, María Minera, hizo un defensa de los señalamientos poco favorables hacia la obra de Gabriel Orozco.

Aclaró que “Su obra es accesible, desde sus comienzos Orozco ha intentado que veamos las cosas de todos los días a través de los ojos del arte, y no el arte a través de la mirada indiferente de las cosas, puede parecer lo mismo, pero no lo es en absoluto”.

Recordó que la obra de Orozco surgió, en parte, como una respuesta al arte que en ese momento a final de los años 80 llenaba las salas de los museos y las galerías, un arte pomposo y vociferante que a la nueva generación le producía completo escepticismo.

El escritor Sergio Rodríguez, quien elabora cada año una lista de lo mejor y lo peor en cuanto a libros publicados, indicó que en 2012 escribió que el libro Gabriel Orozco, editado por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, y presentado el año pasado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, “era el libro más importante del año, probablemente, en mucho tiempo”.

El escritor Juan Villoro apuntó que a diferencia de la crítica de arte o del escritor que calificó como el mejor libro de año la publicación Gabriel Orozco.

Villoro se asumió más bien como un curioso, como un testigo de la obra del Orozco: “he tratado de divertirme a través de las muchas sugerencias que propone Gabriel. Confieso que como tantos me he visto desconcertado numerosas veces ante el arte contemporáneo, incapaz de saber por qué un carrito de hot dogs, es eso, y por qué tres carritos juntos de hot dogs son una instalación. He pasado por este vértigo del desconocimiento”.

Villoro dijo que este libro se diseñó bien y para siempre, se trata de una “muy cuidadosa cartografía de un artista, es el mapa de exploración de un navegador que ha partido sin ruta fija. Ha hecho buena parte de su trayectoria fuera de México, es conocida su historia”.

Gabriel Orozco, hijo de Mario Orozco Rivera, colaborador de David Alfaro Siqueiros, conoció desde su casa lo que fue el movimiento de la pintura muralista, del arte comprometido, entendió todo esto, y decidió emprender la búsqueda de un sendero distinto.

Si te gusta la obra de Juan Villoro, te recomendamos leas su libro ‘Forward>>Kioto’ de la Editorial Ultramarina (España). ¡Todos los libros son hechos uno por uno: son únicos!

 

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#Noticia. #Juan Villoro admira oficio de Gabo en El Heraldo

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El novelista mexicano Juan Villoro subrayó el fin de semana en Bogotá, durante el lanzamiento del libro Gabo periodista, su admiración por las columnas “La Jirafa” que ese autor, ahora Premio Nobel de Literatura, firmaba en el diario EL HERALDO con el seudónimo Septimus, entre 1950 y 1952.

El diario El Comercio, de Perú, informó que el novelista ganador del Premio Herralde 2004, Juan Villoro, dijo que con esas columnas “en EL HERALDO de Barranquilla, García Márquez hizo periodismo experimental” en el que fue capaz de descubrir que “la cotidianeidad es el misterio más grande del mundo si uno lo sabe ver. Con su realidad todos nuestros días son días de la Ilíada”, expresó.

Villoro destacó el “compromiso” de García Márquez y su concepción por un periodismo que llegara a ser “un instrumento de transformación de la realidad”.

Su intervención, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, del Fondo de Cultura Económica, filial Colombia, fue durante un coloquio que precedió la inauguración de una exposición sobre la vida y obra del Nobel de Literatura en la que también se destaca y reseña el oficio de Gabo desde EL HERALDO.

La muestra, en la Librería del Fondo de Cultura Económica, con curaduría de Conrado Zuluaga, realizada con el apoyo de Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, reúne en 16 mamparas, textos e imágenes que hacen un recorrido por la infancia, juventud y la vida familiar y profesional de Gabo, en la región que le ha servido de inspiración para gran parte de su obra periodística y literaria: el Caribe, un Caribe que va desde México hasta Brasil”.

En dichas mamparas aparece la del diario EL HERALDO, destacando el brillante paso que tuvo en esta casa periodística, en especial con su columna “La Jirafa”.


María Jimena Duzán, José Salgar y Juan Villoro.

El curador destacó que la obra de García Márquez respira Caribe en todo momento. “Él lo ha dicho en repetidas ocasiones: mi lengua es Caribe, los gestos o las normas de la cultura Caribe, el sol abrazador del Caribe, etc., etc. Por eso es bueno disponer ahora de una exposición sobre García Márquez y el Caribe, que al menos sirva de introducción a ese mundo, a ese espacio, para el disfrute de todos sus lectores”, precisó Zuluaga en el Centro Cultural Gabriel García Márquez.

Zuluaga está considerado como uno de los mayores conocedores de la obra de García Márquez. Estudió literatura, fue director de la Biblioteca Nacional de Colombia y ha sido director de varias editoriales.

También el jueves, en el mismo lugar, durante el coloquio por el lanzamiento del libro Gabo periodista, de la FFNPI, moderado por Roberto Pardo, también tomaron la palabra los coautores del libro, María Elvira Samper, María Jimena Duzán, José Salgar y Jaime Abello Banfi.

La Organización Ardila Lule, la Fundación GGM para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y el Fondo de Cultura Económica organizaron el coloquio.

Juan Villoro – México (1956). Escritor

Periodista, dramaturgo y profesor de literatura. Ha colaborado con muchos medios de su país y de España. Dirige talleres de crónica de la FNPI. Autor de ‘El disparo de argón’, ‘Los culpables’, ‘La casa pierd’. Premio Rey de España, Iberoamericano José Donoso y Premio Herralde.

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#Noticia. #Juan Villoro alista el monólogo “Conferencia sobre la lluvia”

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El escritor mexicano espera estrenar su nueva obra en la Ciudad de los Libros, foro que aún no está terminado

CIUDAD DE MÉXICO (19/MAR/2013).- El escritor mexicano Juan Villoro, autor de novelas como “El Testigo”, adelantó que luego de haber escrito la obra de teatro “Muerte parcial”, acaba de terminar un monólogo titulado “Conferencia sobre la lluvia”, que espera se estrene pronto en la Ciudad de los Libros.En entrevista el narrador confesó que le encantó mucho la dramaturgia, que terminó de escribir una obra, que espera se presente en el auditorio de la Ciudad de los Libros, foro que aún no está terminado, pero que será el espacio para su estreno.”El protagonista del monólogo es un bibliotecario, entonces es una reflexión sobre los libros, por eso me pareció muy oportuno que se estrenara en ese espacio”, expresó el escritor.

Reiteró que le gustó mucho la dramaturgia, tanto que “me pique y es un género que voy a ejercer bastante en la tercera edad”.

También se refirió a Edgar Chías, a quien consideró uno de los dramaturgos más interesantes de México, “actualmente estoy haciendo un prólogo para una trilogía de sus obras que va a publicar El Milagro”.

Agregó que hace poco estuvo también con otros de los más destacados dramaturgos mexicanos, Vicente Leñero, quien es de otra generación y es “el maestro de todos nosotros, un gran dramaturgo”.

Apuntó que otro de sus proyectos que está en proceso es un libro sobre la Ciudad de México, que es una mezcla de crónica, ensayo e historia, que abarca 50 años como testigo de esta ciudad.

El trabajo de Juan Villoro ha sido reconocido por premios como el Premio “Xavier Villaurrutia”, por su obra “La Casa pierde”, y el Premio Internacional de Periodismo Rey de España por su libro “La alfombra roja”, entre otros.

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#Libro. #Juan Villoro y #Alejandro Magallanes le echan la culpa a la iguana

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MÉXICO, D.F.- Al hablar del proceso de escritura que quiso experimentar en “Los culpables” libro que lo tiene de fiesta, el escritor Juan Villoro no puede negar que lo que quiso fue contar cuentos que fueran escritos por accidente. Cuentos en donde se escuchara la voz hablada, no esa voz coloquial que se puede escuchar en las calles, sino la posibilidad natural del idioma, que se da en cualquier conversación.

Vestido de negro y con una sonrisa grande, Villoro habla de la edición conmemorativa de su libro en la Casa Refugio Citlaltépetl, en la colonia Condesa. La luz se fue desde antes de que comenzara la conferencia y regresó poco antes de que terminara, ahí, acompañado del diseñador e ilustrador Alejandro Magallanes y Guillermo Quijas, director de Almadía, sello que editó la edición especial, habla de su escritura.

Ninguno de los narradores es un escritor profesional, comparte sobre los personajes que cuentan, en primera persona, su historia en Los culpables. Admite que son absurdos, que son gente que por accidente tienen que contar su historia: un marichi, un futbolista al borde el retiro, un guionista de cine fracasado, un ejecutivo que se la pasa perdiendo aviones, porque las conexiones se le van o un tipo que se la pasa sostenido en un andamio son los protagonistas de este libro.

La condición moral de lo que se dice

“Yo quería hacer cuentos que no tuvieran la sofisticación retórica del narrador que ya ha leído mucho, sino que parecieran un poco captados por accidente. El narrador propone un discurso que está organizado, no de manera directa, sino que acude al flashback. Quise reflexionar sobre un detalle: el valor moral de lo que confesamos, por ejemplo, cuando vamos a la iglesia, si somos creyentes, y nos confesamos para descargar culpas; o cuando le decimos algo a otra persona o escribimos un cuento y tenemos que responsabilizamos de lo que decimos”.

El autor de “Palmeras de la brisa rápida” y amante del futbol refiere que en el libro “Negra espalda del tiempo” Javier Marías sostiene que nadie escapa a la consecuencia de sus palabras y cita el epígrafe de Karl Kraus: “Quien calla una palabra es su dueño, quien la pronuncia es su esclavo.” En esa línea apunta que mientras la persona guarda silencio puede administrar lo que va a decir, pero una vez que lo dice tiene que pagar el precio de lo que ha dicho.

Culpa a la literatura

“Por eso hay culpables de literatura, que es el título genérico del libro. Alguien al expresar algo debe responsabilizarse. En ese sentido el libro me ayudó mucho a pasar a otros aspectos de la voz hablada, yo no había escrito una obra de teatro antes de escribir los culpables y a partir de entonces comencé a escribir teatro, a partir de la confesión de estas palabras que se dicen de manera espontánea y cuentan una historia que el lenguaje organiza. Ahora me doy cuenta que este ejercicio fue el primer paso para escribir.”

El conductor de la serie televisiva, Piedras que hablan, explica que hay una fuerza que tienen las palabras y el discurso para que la persona diga algo, muchas veces en contra de su voluntad. Acerca del planteamiento de “Los culpables” el hombre es dueño de sus palabras, en la medida en la que se responsabiliza de ellas. Ese es el proceso que quería explorar en este libro. Admite que en algunos otros de sus libros hay cuentos escritos, pero de otra manera, por otro tipo de narradores.

Villoro adelantó que publicará próximamente con Almadía un libro para niños, al que titulará “El fuego tiene vitaminas” y que cuenta la historia de un dragón que llega a Oaxaca, una historia clásica muy relacionada con México y su gastronomía. También publicará un libro de cuentos, aunque bromeó al decir que es un deporte extremo publicar con Almadía, porque son brigadistas que van de escuela en escuela vendiendo libros, entonces más que pensar en lo que publicará, piensa en lo que hará.

Oaxaca es un estado recurrente en la navegación literaria de Juan Villoro, sobre ello destaca que es un lugar que tiene una gran reserva de la creatividad mexicana, desde el mundo prehispánico hasta el arte contemporáneo. A propósito, el próximo libro que publicará con Almadía contiene un relato basado en los grabados de Sergio Hernández.

“Oaxaca es un imán muy vernáculo, pero cosmopolita, es una especie de puerto de la cultura clásica, es algo especial, pienso seguir escribiendo sobre este estado.”

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#Noticia. #Feria del Libro de Buenos Aires

Laura Esquivel y Juan Villoro invitados en la Feria del libro de Buenos Aires

 

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Los escritores mexicanos Laura Esquivel y Juan Villoro serán algunas de las figuras invitadas a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que se realizará en esta capital del 25 de abril al 13 de mayo.

La cita literaria más importante de Sudamérica contará también con la presencia del Premio Nobel de Literatura 2003, John Coetzee y de los reconocidos autores españoles Arturo Pérez-Reverte, Rosa Montero y Javier Cercas.Entre los escritores confirmados también destaca la colombiana Laura Restrepo, el cubano Leonardo Padura (ganador del Premio Nacional de Literatura de Cuba) y el ruso Vladimir Sorokin.

Las letras mexicanas siempre han tenido una fuerte presencia en esta Feria, con personalidades como Carlos Monsiváis y Carlos Fuentes, quien el año pasado vino a Buenos Aires poco antes de morir y fue la figura principal del encuentro.

En esta ocasión, estará por primera vez Esquivel, autora del best-seller “Como agua para chocolate” , novela intemporal que ha sido traducida a 30 idiomas, y de “Tan veloz como el deseo” y “Malinche” .

Villoro, periodista y autor, entre otras muchas obras, del libro de cuentos “Los culpables” , ya ha sido invitado de honor en otras ocasiones en este encuentro literario, pero su figura siempre es convocante.

La 39 edición de la Feria, que tendrá como lema “Los libros como puentes” , traerá algunas novedades, ya que por primera vez habrá una ciudad invitada, Amsterdam, y contará con su propio espacio para promover la literatura holandesa.

También se entregará el Premio del Lector, resultado de una encuesta en red en la que el público deberá votar el mejor libro editado en Argentina el año pasado, entre una lista de 20 obras.

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#Libro. Juan Villoro

“La casa pierde”, de Juan Villoro

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Sinopsis

Protagonizados por perdedores gloriosos y solitarios, que entienden el mundo a partir de códigos y éticas estrictamente personales, los cuentos de este libro ofrecen insólitas visiones de la intrincada trama de causas y efectos que solemos llamar vida.

"La casa pierde", de Juan Villoro Foto: Alfaguara

“La casa pierde”, de Juan Villoro

Foto: Alfaguara

“Los cuentos de Juan Villoro están entre los mejores que se escriben hoy en lengua española.”

Roberto Bolaño

“La casa pierde nos pone en la pista de uno de los rasgos más vistosos de Villoro: la inteligencia.”

Enrique Vila-Matas

El autor

Juan Villoro nació en la ciudad de México en 1956. Estudió sociología y fue alumno del taller de narrativa de Augusto Monterroso. Ha sido guionista de radio, diplomático y traductor. Es autor de dos libros de relatos, La noche navegable y Albercas, dos libros de crónicas, Tiempo transcurrido y Palmeras de la brisa rápida, y dos libros para niños, Las golosinas secretas y El profesor Zíper y la fabulosa guitarra, (con el cual obtuvo el Premio IBBY en 1994), así como de una novela El disparo de argón. En 1995 publicó una serie de crónicas bajo el nombre de Los once de la tribu, en Aguilar Nuevo Siglo. Es traductor del alemán y actual director de La Jornada Semanal.

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#Juan Villoro. “Los Culpables”

“Soy mexicano, pero no lo vuelvo a hacer”: Juan Villoro reedita “Los culpables”, con ilustraciones de Alejandro Magallanes

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Esta entrada ha sido publicada originalmente en: http://www.sinembargo.mx/10-03-2013/553836
Por: Mónica Maristain – marzo 10 de 2013 – 0:30 De revista, Fama, TIEMPO REAL, Último minuto – 2 comentarios

Ciudad de México, 10 mar (SinEmbargo).- Los culpables (2007), considerado por la crítica el mejor libro de cuentos y el más arriesgado del escritor mexicano Juan Villoro, acaba de ser reeditado por la oaxaqueña Almadía, con ilustraciones de Alejandro Magallanes, sin duda el diseñador gráfico de moda en nuestro país, a la sazón el más prolífico.

Se trata de una edición conmemorativa con que la casa editorial Almadía celebra su 8º aniversario y que estará a la venta solamente a través de la tienda en línea, a partir del 14 de marzo. Los 100 primeros ejemplares incluirán una serigrafía de Alejandro Magallanes y durante el primer mes de lanzamiento el envío será gratuito.

Una celebridad de la canción ranchera, un futbolista en decadencia, un guionista que adquiere una máquina de escribir sin eñes y una iguana que se extravía en momentos críticos son algunos de los seres que pululan por los relatos de Villoro.

La concentración de humor y tensión en estas páginas es altísima. Un total de seis cuentos y una novela corta admirables, donde los protagonistas son hallados en el punto más alto de su conflicto, ya sea que decidan perpetrar un asesinato, traicionar a un amigo o filmar un desnudo que podría arruinar su carrera.

La pieza que remata el libro es “Amigos mexicanos”, una trepidante nouvelle sobre los secuestros exprés que amenazan a los habitantes de la ciudad de México.

Nacido en la ciudad de México en 1956, el escritor Juan Villoro no sólo se destaca por su altura cortazariana, sino también porque en esos dos metros de altura cabe uno de los hombres más afables del mundo y en esa cabeza de “autor disperso”, como él suele llamarse a sí mismo, hay lugar para muchas de las aficiones que son tan cercanas al pueblo que lo vio nacer.

Si al autor argentino de Rayuela le gustaban el boxeo y el jazz, a Juan, el cronista exquisito del balompié que escribió aquello de “Dios es redondo”, lo persigue su simpatía doliente por Los Rayos del Necaxa, un equipo fundado en 1923 y que no obtiene un título en el campeonato local desde 1998, y su profundo conocimiento del rock, género musical que lo ha llevado a entrevistar al mismísimo Mick Jagger en una pieza hoy clásica que publicó el periódico español El País en 2001.

Cronista, dramaturgo, novelista…todos los géneros le son afines y deja uno para tocar el otro con pluma avezada que lo ha convertido sin dudas en uno de los escritores más amados de la república maya y azteca, acaso, sin exagerar, en uno de los autores más prolíficos y queridos de la lengua española contemporánea.

Como Cortázar, Juan ha demostrado también ser un cuentista de excepción. Precisamente, con la colección de relatos La casa pierde (1999) ganó el Premio Xavier Villaurrutia.

En todos sus trabajos, incluidas las novelas El testigo y Arrecife (ambas por Anagrama), se construye y deconstruye el carácter nacional con pluma aguda y dulce, quizás porque nunca podemos juzgar con mayor impiedad a aquello que amamos.

“Soy mexicano, pero no lo vuelvo a hacer”, dice uno de los personajes de Los culpables, dando cuenta de la idiosincrasia de un pueblo “graduado en frustraciones” y para el que se aplican como a ninguno las metáforas del futbol.

“Martín Caparrós, el biógrafo de Boca Juniors, decía en una crónica estar sorprendido por esos países que no tienen ninguna posibilidad de arribar a los primeros puestos van con tanto entusiasmo al Mundial.
Para los argentinos –decía Caparrós- siempre es un anhelo viable pensar en qué tan lejos vamos a llegar hasta el título incluso. En cambio, para los mexicanos el Mundial es interesantísimo aunque sabemos que no vamos a hacer muchas cosas”, dice el escritor.
“NO SIENTO QUE ESCRIBO MÁS QUE ANTES”
Juan Villoro siempre es objeto de interés editorial y cada una de sus presentaciones públicas obedece a la presentación de un nuevo libro.
“La verdad es que creo me estoy poniendo viejo (risas). Se van acumulan do textos, no lo sé, no siento que escriba más que antes”, afirma.
“Una cosa que es para mí esencial es cambiar de género una vez que concluyo un libro. Soy muy disperso por naturaleza, me interesan muchas cosas al mismo tiempo, tengo una mente que debería someterse a un zapping más controlado y paso con mucha facilidad de una cosa a otra.
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Para no repetir las costumbres o los hábitos que adquieres con un libro, pienso que lo mejor es cambiar de género. Cuando has estado en el universo de una novela para adultos, lo más importante para irte a otra orilla es ensayar un género totalmente distinto.
Esto me ayuda a tener tensiones, nervios y desafíos distintos y por lo menos no repetir las soluciones. No puedo estar seguro de la calidad, pero sí puedo estar seguro de ensayar cosas diferentes”, asegura.
La crítica, aunque en la literatura continental contemporánea no tiene una presencia significativa, no se pone de acuerdo a la hora de justipreciar la obra diversa de Villoro. Están los que privilegian los cuentos sobre las novelas o los que prefieren las crónicas a los relatos.
A propósito, el autor declara:
“El ser humano ama las comparaciones. Si vas a ver una exposición del mejor de los pintores, ante dos lienzos que te satisfacen mucho, vas a tratar de encontrar tu favorito. Por eso existen Miss Universo y el Mundial de Fútbol. Amamos las competencias, incluso aquellas que entablamos contra nosotros mismos.
La verdad es que no pienso en cómo me puede ver alguien, porque me interesa escribir en diferentes registros y trato de hacerlo conforme a lo que puedo hacer y que consiste en responder a nervios que están dentro de mí y exigencias que son muy diversas.
En todo caso, para aquellos que dicen que soy mejor cronista, debo decir que eso me gusta, porque la crónica opera en el presente y si ese es el juicio de los contemporáneos me siento tranquilo.”
EL AMIGO DE TODOS LOS ESCRITORES
En el corpus de la literatura mexicana Juan Villoro funciona muchas veces como el gran contemporizador, el amigo de todos, el que trae paz en tiempos de guerra, un hecho que él relativiza.
“Creo que hay dos tipos de escritores. Por un lado están los que quieren ser los únicos escritores en el mundo. Como la literatura es un ejercicio solitario, esta situación estimula mucho las condiciones egoístas.
Luego hay otro tipo de autor al que le gusta leer a los demás autores, tener relación con ellos, que no se ve tanto como una voz única, sino se ve más como un instrumento de la época, como un pararrayos que recibe energía y a partir de eso se considera menos el autor absoluto de todo lo que hace y más el intérprete de energías colectivas. Yo soy ese tipo de autor.
Me gusta precisamente escribir para niños entre otras cosas por eso. Para los niños no existen los autores. El libro adquiere en manos de los niños una autonomía que difícilmente adquiera en manos de los adultos y eso es muy gratificante para un escritor como yo”.
HACIA LA ESENCIA DE LO VILLORESCO
En 2012, el escritor mexicano Fabrizio Mejía hizo un encendido análisis del estilo de cronista de su amigo, colega y compatriota Juan Villoro, al presentar el libro de este último ¿Hay vida en la tierra?, el número 100 de la editorial oaxaqueña Almadía.
“A este país le faltan tres cosas: seguridad, justicia social y delanteros, dijo Juan Villoro. Entre Instrucciones para vivir en México (de Jorge Ibargüengoitia) y ¿Hay vida en la tierra?, hay 30 años de distancia. Lo de Ibargüengoitia es un alegato para irse de México. Lo de Villoro es la sorpresa de haber regresado”, precisó Mejía.
“¿Hay vida en la tierra?, rescata un estilo casi extinto en la crónica mexicana: el artículo en primera persona nos detalla qué tan hundidos estamos todos. Si para Jorge Ibargüengoitia el problema era ser mexicano: el PRI, la historia patria, la invención de lo inútil en la vida cotidiana, Villoro transfigura la domesticidad en una filosofía de la existencia”.
“Para Villoro ser mexicano es el menor de los males. El verdadero problema es existir. Sus artículos o “ensayos”, esa palabra tan fea que inventó Alfonso Reyes, están traspasados por el malestar de que existan los otros, el país, los amigos, la familia y uno mismo”, apuntó Fabrizio.
Entonces, ¿qué es lo “villoresco”?, se pregunta Fabrizio Mejía y se responde contando una anécdota vivida por él y Villoro en la ciudad de Oaxaca.
“Salimos del hotel, rumbo a la presentación de su novela El testigo, nada parecía fuera de lo normal salvo porque los oaxaqueños le dicen a su plaza de armas La teporocha, porque siempre está tomada. Había, como todos años, unos contingentes de maestros protestando por mejores salarios.
“Al salir de la presentación, varios maestros habían decidido dormir sobre la banqueta. No había forma de rodearlos, así que pasamos tratando de poner los pies entre las separaciones de los cuerpos rebeldes. Inevitablemente, terminamos pisando a algunos, pero no se despertaban, ni siquiera se movían. Así que Villoro se permitió uno de sus aforismos: El sueño de un mexicano –dijo- es como el de la Coatlicue (deidad azteca), la pisas y nomás enmudece”.
“La situación no era villoresca, sólo su mirada. Había tomado nuestra tragedia instantánea para volverla una fenomenología”, afirmó Mejía.
A Juan, le gusta mirar a su país desde el otro lado del océano y por eso vive un tiempo en Barcelona y otro en el Distrito Federal.
“Escribí la novela El Testigo (Premio Herralde 2004) un año en México y luego durante tres en Barcelona. El estar en España me sirvió para cultivar una nostalgia, una añoranza, que no hubiera experimentado en mi propia ciudad. La distancia te acerca de manera paradójica cosas que pasas por alto cuando estás inmerso en ellas. La crónica más difícil de hacer es la de la calle donde vives”, dice.
La nueva edición de Los culpables será presentada en una conferencia de prensa que tendrá lugar el miércoles 13 de marzo en la Casa Refugio de la Colonia Condesa, con la presencia del autor, del ilustrador Alejandro Magallanes y del editor Guillermo Quijas.

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#Editorial Almadía. Edición limitada del libro de #Juan Villoro

Editorial Almadía celebra su 8º aniversario con Los culpables de Juan Villoro

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24 febrero, 2013 Por: 

 

Redacción. La Editorial Almadía celebra su 8° Aniversario y para festejarlo presenta una edición conmemorativa de Los culpables de Juan Villoro, ilustrada por Alejandro Magallanes. Esta edición limitada estará a la venta solamente a través de latienda en línea  a partir del 14 de marzo. Los cien primeros ejemplares incluirán una serigrafía de Alejandro Magallanes y durante el primer mes de lanzamiento el envío será gratuito.

En Los culpables encontramos cuentos que funcionan como una radiografía de nuestros peores vicios: la capacidad de postergar lo urgente, la infinita destreza para el autosabotaje, la proclividad hacia el absurdo como lógica de base para sobrellevar la realidad. La obra de Villoro, asegura la crítica, es un catálogo de anécdotas brillantes y datos imprevistos que su prosa articula con maestría. Su escritura, irónica, clara, directa, contundente, en el que vemos el innegable control con que cada trama es puesta en escena, los laberintos vitales que recorren los personajes para salir de ellos siendo otros.

También Almadía presentará Ciudad fantasma, relatos fantásticos de la Ciudad de México, una compilación de Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte. Esta antología conjunta las visiones que tienen sobre la Ciudad de México algunos escritores: Salvador Elizondo, Sergio González Rodríguez, Héctor de Mauleón, Rafael Pérez Gay, Alberto Chimal, entre otros. Son quince relatos que proponen un lúgubre recorrido por la Ciudad de México.

Finalmente presentarán Tianguis, un libro del poeta Rodrigo Flores Sánchez, traductor de Gertrude Stein y Raymond Federman, que cuenta con temas como la “Redención”,  “Chedraui”, “Aguas negras”, “Una pequeña prosa política con motivo de las decorosas elecciones federales en México el 2 de julio de 2006” y la “Faringoamigdalitis contagiosa”, entre otros.

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La #Tecnología Según #Juan Villoro

Juan Villoro cree en la tecnología

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El uso de las nuevas tecnologías y la posibilidad de las publicaciones digitales podría propiciar que los escritores recibieran un mayor porcentaje de ganancias, consideró el escritor mexicano Juan Villoro.

Al participar en el arranque del ciclo “Escribir mañana”, el laureado cronista explicó que ello se debe a que la tecnología puede eliminar intermediarios en el proceso de edición y distribución, lo cual debería redituar en mejores condiciones de venta y ganancia.
En su ponencia denominada “La escritura hoy, entre la red y la página”, Villoro consideró que en relación a las nuevas tecnologías y las herramientas empleadas durante el proceso creativo hay mucho que decir para bien y para mal.

Recordó que él escribía con bolígrafo, pero poco tiempo después comenzó a utilizar máquina de escribir y más recientemente ya utiliza la computadora, aunque sigue privilegiando la escritura a mano.

Y es que desde su percepción, “la computadora tiene un gran problema…te impide dudar. En la computadora, si no has cometido errores de dedo, tienes una página limpia. En cambio, si tienes que volver a pasar la página como ocurría anteriormente, puedes hacer modificaciones”.

En presencia del también escritor Philippe Ollé-Laprune y de José Luis Paredes Pacho, director del Museo Universitario del Chopo, donde se inauguró el ciclo, Villoro se refirió a un cuestionamiento realizado por Ollé-Laprune, en relación el uso de blogs y redes sociales como herramientas actuales en el proceso de creación literaria.

Reconoció que la información presente en estos medios es un “océano de información” muy rico e interesante “gracias a la tecnología se recupera”, destacó.

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#Comentario de #Juan Villoro sobre el libro de Carmen Boullosa

Juan Villoro pondera las cualidades literarias de Carmen Boullosa

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A partir del nombre con que fue bautizada, Carmen Boullosa parecía destinada a la escritura, aseguró el escritor, ensayista y dramaturgo mexicano Juan Villoro.

Notimex
A partir del nombre con que fue bautizada, Carmen Boullosa parecía destinada a la escritura, aseguró esta tarde aquí el escritor, ensayista y dramaturgo mexicano Juan Villoro. “En latín, Carmen quiere decir poesía, y en árabe, Jardín”, compartió el intelectual.
Así se expresó esta tarde al comentar el libro “Texas” de la autora, como parte de las actividades de la XXXIV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM). “Fiel a estos nombres, ha cosechado en prácticamente todos los campos de la escritura numerosos éxitos”, acotó ante sus lectores.
Desglosó lo anterior al añadir que desde la poesía hasta la elaboración de guiones para cine, ha producido grandes cosas. “Ya Ramón Córdova decía que es raro que haya una novelista consolidada que al mismo tiempo sea poeta y sin embargo ella lo ha hecho bastante bien y durante muchos años”.
Recordó que la autora de cuentos, novelas y poemas ha incursionado lo mismo en el cine que en el teatro y la literatura en sus más diversos géneros como el cuento, la crónica y el ensayo, con una versatilidad extraordinaria, tocando temas realmente únicos dentro de la literatura mexicana de hoy.
“No creo que haya una autora o un autor con mayor variedad de temas y de enfoques en su escritura. Ha ubicado historias en Egipto, en la batalla de Lepanto, en la Nueva España, ha resucitado a Moctezuma como personaje literario y se ha ocupado de temas muy próximos y autobiográficos”, refirió.
Juan Villoro añadió que hace poco tuvo la suerte de presentar su novela “Las paredes hablan”, la cual dio lugar a una película que recientemente estuvo en cartelera. “En ella aborda de manera magistral la historia del país y cómo ha transitado por cada una de las etapas hasta la época actual”.
“Nos muestra cómo esa historia que viene de la Independencia y pasa por la Revolución hasta llegar a nuestros días, tiene pasiones y tiene también delitos que la atraviesan, de modo que el rango de Carmen Boullosa es único por su versatilidad y su enorme valentía para tocar todos esos temas”.
Sostuvo que la califica de valiente no casualmente, “porque un autor que la apreciaba mucho y que escribió de ella, Roberto Bolaño, solía encomiar la valentía como una virtud literaria. No se refería a de que un escritor tuviera que defender sus libros a golpes ante los críticos y pudiera salir ileso de ese trance”.
Se refería más bien, explicó Juan Villoro, al hecho de que el verdadero escritor debe ser alguien que colonice territorios desconocidos, que vaya a los lugares donde nadie ha ido y lo haga con la valentía que lo hace Carmen Boullosa. “Estamos ante una escritora excepcional”, destacó el escritor.

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#Juan Villoro: la invención de la página

La lectura en red recupera usos colectivos no ajenos a la oralida

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La cultura digital es un océano cuyos límites desconocemos. Con frecuencia se dice que estamos ante una transformación equivalente a la que Gutenberg trajo en el siglo XV con la imprenta de tipos móviles. Tal vez se trate de una renovación más profunda, comparable a la invención de la página, estudiada por Iván Illich en su libro En el viñedo del texto.

La historia de Illich (1926-2002) parece, en sí misma, un manuscrito misteriosamente descifrado. Sacerdote austriaco, estudió filosofía en alemán e italiano, y aprendió croata, hindi, latín, griego clásico, inglés, español y portugués. El campo de sus intereses compite con el de una biblioteca borgiana. Teólogo, historiador, pedagogo, economista, filólogo, medievalista, ecologista, educador sexual, utilizó sus saberes para desenmascarar los lugares comunes de la modernidad. En Cuernavaca fundó el CIF (Centro Intercultural de Formación), destinado al estudio y la transformación de América Latina. En 1980 fue llamado a Roma para responder 80 preguntas sobre sus heterodoxas actividades. Rompió con el Vaticano sin recusar su fe. Congruente con su crítica de la medicina industrial, que convierte la enfermedad en un padecimiento lucrativo, padeció el cáncer sin analgésicos, consolándose, como un sabio chino, con la meditación y el opio.

Al revisar su vasta producción, señaló que su mejor libro era En el viñedo del texto. A partir del análisis del Didascalicon, escrito por el benedictino Hugo de San Víctor en el siglo XII, indagó el momento decisivo en que los textos dejaron de ser rollos leídos en voz alta para convertirse en páginas que reclamaban lectura silenciosa. Esto significó el paso de la lectura monástica a la escolástica, del entendimiento colectivo al individual.

La imprenta jubilaría a los copistas y multiplicaría la circulación de textos. La modificación que estudia Illich es más honda, pues atañe a la manera de leer. Hubo un momento en que el conocimiento se organizó en un pergamino al modo de un cultivo (página quiere decir “viñedo”), con párrafos, títulos e índice: “Las líneas de la página eran los hilos del enrejado que sostiene las viñas [...] El latín legere se deriva de una actividad física. Legere connota ‘escoger’, ‘reunir’, ‘cosechar’ o ‘recoger’”. En alemán esta asociación es aún más clara: Buchstab (letra) quiere decir “rama de haya” y lesen (leer) significa “recoger”: el lector cosecha.

En la Antigüedad, leer se consideraba extenuante: “Los médicos helenísticos prescriben la lectura como alternativa a jugar a la pelota o pasear. La lectura presuponía que los frágiles o débiles no podían leer con su propia lengua”. Con la invención de la página, la tarea demanda menos energía física; no se recita ante la comunidad: se dialoga en silencio con una mente lejana. Lo que se cosecha depende de lo que sembró el autor, pero también lo que cultiva el lector. Esta dimensión personal y activa de la lectura es el embrión del Renacimiento; el libro deja de ser “símbolo de una realidad cósmica” y se vuelve “símbolo del pensamiento”.

Hugo de San Víctor escribió su Didascalicon o “libro de instrucciones” para reflexionar sobre los estímulos traídos por la paginación y el arte de discernir el texto. Leer por cuenta propia y sin testigos llevaría a cambios tan radicales como el de restarle peso ritual al conocimiento y entenderlo como algo tan cotidiano que permitiría, incluso, escribir en una lengua que no fuera el latín: “Un siglo más tarde, san Francisco escribe el primer poema en lengua italiana [...] El hijo de un mercader de Umbría, en los albores del siglo XIII, fue capaz de escribir su alabanza del sol y la luna como canción de amor vernácula”.

En el siglo XII, en el claustro de San Víctor, un religioso pasó la página de la cultura, modificando la forma de leer. La galaxia digital nos enfrenta a un cambio semejante. Los textos circulan con ubicua celeridad en toda clase de aparatos. Lo más singular es que traen otro tipo de lectura. Los niños responden mensajes de texto mientras navegan en Internet y hacen la tarea con pluma fuente.

La lectura en red recupera usos colectivos no ajenos a la oralidad. Illich recuerda que la palabra rapsoda significa “zurcidor”. Se trata de alguien que enhebra historias, pero, sobre todo, de alguien que zurce a los hombres, integrándolos a un tejido que los trasciende. Las redes sociales son una versión prosaica de ese impulso homérico.

Una de las paradojas de la tecnología es que sus novedades pueden ser la actualización de un atavismo. Twitter recicla el recurso de las máximas y los aforismos, y el chat renueva las polifónicas voces de la tribu.

En el siglo XII, la página aludía a un viñedo del mismo modo en que la pantalla cibernética alude hoy a la página.

Ignoramos lo que cosecharán los lectores por venir. Sólo sabemos que la cosecha continúa

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#Presentacion de libro. Juan Villoro invitado de honor

Juan Villoro en Mazatlán

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El escritor Juan Villoro es el invitado de honor hoy a la presentación del libro de crónicas Mira esa gente sola, del escritor mazatleco José Luis Franco Rodríguez.

Esta nueva obra del autor oriundo de La Cruz de Elota será comentada por Villoro, recién ganador del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso (2012).

En 2001, Juan Villoro ganó el Premio Mazatlán de Literatura con su obra Efectos personales.

Este evento se desarrolla en el marco de los festejos del décimo aniversario del Semanario Río Doce.

La presentación se llevará a cabo en el Museo de Arte de Mazatlán, hoy a las 19:00 horas. La entrada es libre.

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#Noticia. Juan Villoro y su amor por la capital mexicana

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Comparte Juan Villoro su “amor” por la capital mexicana

 / ProvinciaMéxico, DF.- La Ciudad de México se distingue de otras grandes urbes por su noción “post apocalíptica”, como la definiera el extinto Carlos Monsiváis, donde las señales de peligro están ahí “pero no son para nosotros porque nosotros hemos logrado sobrevivir”, aseguró el escritor mexicano Juan Villoro.

Al ofrecer la conferencia magistral bilingüe “Apocalipsis Después: Viviendo y escribiendo en la Ciudad de México”, en el marco del Octavo Festival Internacional de Escritores en San Miguel de Allende (FIELSMA), Villoro destacó que problemáticas como la contaminación y el tráfico son parte del cotidiano colectivo de los capitalinos, que no les han impedido enamorarse de su espacio.

“Nos encanta todo este panorama en el que nosotros entendemos los desastres, pero es nuestro orgullo”, confesó Villoro, para quien esta urbe le ha dado un sentido de pertenencia, que hace que no obstante los desafíos de vivir en ella, la considere su hogar, su territorio.

De acuerdo con un comunicado que da cuenta de la participación de quien es considerado una de las plumas más sugestivas de la literatura contemporánea, en el acto, el también cronista aseguró que forma parte de una generación que ha pasado de lo figurativo a lo expresivo.

Una generación que ha percibido el mundo como un lugar que existe para imaginar todo a su alrededor, razón por la cual se ha dado a la tarea de explorar su ciudad, lo cual es mucho más que un “logro cognoscitivo”.

Por ejemplo, dijo, el metro de la Ciudad de México es “un infierno de movimiento perpetuo (…) aunque es similar al de otras urbes, colmado de símbolos de algunos periodos de la historia”.

“Fue el proyecto más importante tras la supresión del movimiento estudiantil y de la masacre en Tlatelolco de 1968, y en él existe una manipulación del pasado”.

Destacó la iconografía de las estaciones de la línea uno, las cuales en un principio estaban representadas por pictogramas para la gente que no sabía leer y las cuales hacían alusión a la cultura prehispánica de México.

Villoro recordó además el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, el cual fue un momento crucial para sus habitantes, quienes tomaron las calles para ayudar y reconstruir su espacio que lucía en ruinas y convirtieron el hecho en un acto de solidaridad.

Los capitalinos contemporáneos, subrayó, son conscientes del caos que permea su ciudad, y que “vivimos en un paraíso imperfecto que no puede verse asimismo”.

Y es que para el autor de novelas como El testigo o Arrecife, las ciudades artificiales no funcionan, pues carecen de la experiencia y las huellas humanas.

“Estos lugares utópicos son vacíos, cada que vas a estos sitios te sientes como si estuvieras bajo vigilancia, porque todo es tan perfecto que parece que el único problema eres tú. Necesitamos de la basura de la ciudad, tenemos que vivir con eso, por supuesto que en ciudades como la mía, tenemos sobre dosis de huellas humanas”, concluyó.

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El Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende (FIELSMA) se realizó el 13 al 17 de febrero en un conocido hotel de la localidad, y en su octava edición estuvo dedicado a Juan Villoro, Cherly Strayed, Luis Urrea y Lawrence Hill.

A lo largo de los cinco días de trabajos contó con la participación de más de 50 autores de México, Estados Unidos y Canadá, y se ofrecieron 49 mini talleres y siete talleres intensivos en inglés; cinco mini talleres y uno intensivo en español, todos en diversas ramas relacionadas con la creación literaria en ambos idiomas.

Según sus promotores, el objetivo del encuentro fue lograr una integración intercultural y un diálogo entre esos tres países.

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Dudar convence. Juan Villoro

Del blog: http://udual.wordpress.com/2012/10/05/juan-villoro-dudar-convence/#comment-118

 

En ocasiones, los poetas prefiguran en detalle el destino que les tocará en suerte. César Vallejo pronosticó “Me moriré en París con aguacero” y Ramón López Velarde cayó a los 33 años, víctima de neumonía, después de escribir “la edad del Cristo azul se me acongoja”.

En 2011, el poeta Javier Sicilia viajó a Filipinas. Acababa de concluir la novela El fondo de la noche, cuyo tema esencial es la ética de la supervivencia. La historia se basa en un hecho real: el sacerdote que sacrificó su vida en Auschwitz para salvar a un prisionero. A los 94 años, el hombre que debe su existencia a otro hace un balance de lo sucedido. ¿Merecía sobrevivir? ¿Por qué ocurrió ese milagro? Para el filósofo Giorgio Agamben, la “aporía de Auschwitz” es la urgencia de narrar lo que no puede ser dicho. Sólo quienes murieron en los hornos crematorios fueron testigos integrales del espanto. Pero su voz no puede volver; esa experiencia quedó del otro lado del sentido. De esa imposibilidad deriva la obligación ética del testimonio. El cronista y el sobreviviente saben que no llegarán al “fondo de la noche”. La importancia de su tarea depende de acercarse lo más posible a una meta inalcanzable.

Las reflexiones morales que atraviesan la novela de Sicilia resultaron premonitorias. Mientras se encontraba en Filipinas, su hijo Juan Francisco fue asesinado en Cuernavaca junto con otros jóvenes.

A partir de ese momento, Sicilia se convirtió en víctima del dolor y en su testigo más visible. Miles de personas le contaron sus tragedias. Con esas voces encabezó un movimiento destinado a transformar el sufrimiento en esperanza.

En días pasados, la Caravana por la Paz conducida por Sicilia fue un caso insólito de diplomacia ciudadana. Anthony Wayne, embajador de Estados Unidos en México, entendió la relevancia del acontecimiento y concedió visas de tres meses a 120 personas que viajaban para contar la historia de sus muertos.

La ruta de la Caravana fue la opuesta a la de la colonización de Estados Unidos: comenzó en San Diego y concluyó en Washington. En tiempos de redes sociales, los migrantes de la voz buscaron el entendimiento que sólo se adquiere caminando. Establecieron contacto con más de 100 ONG y con congresistas demócratas y republicanos.

Acompañé a Sicilia a la Universidad de Princeton, donde insistió en que el narcotráfico no debe ser atacado como un problema de seguridad nacional sino de salud pública. Aunque se trata de un problema bilateral, aún no forma parte de la agenda norteamericana. Un dato sintomático de la Caravana es que tuvo espléndida cobertura en periódicos locales pero no en los nacionales (quienes entran en contacto directo con las víctimas les abren espacio informativo; sin embargo, el tema aún no es una prioridad noticiosa).

“Algo debe estar mal en un país que tiene el 5% de la población mundial y el 35% de los presos”, comentó Sicilia. Con 23 millones de adictos, Estados Unidos no puede ser ajeno al conflicto que se padece en México.

El narcotráfico es anterior a Felipe Calderón y debía ser enfrentado. ¿Justifica esto cualquier tipo de estrategia? Por su puesto que no. “¿Por qué no culpan a los criminales de la violencia?”, le preguntó el presidente Calderón a Sicilia. La misma interrogante fue planteada en Princeton. “Porque el interlocutor de los ciudadanos no es el Chapo Guzmán, sino el gobierno”, afirmó Sicilia. La democracia es más perfecta mientras más se puede decir que es imperfecta.

La paciente articulación de voluntades dispersas se dificulta en caso de gente lastimada, que quiere respuesta concreta a sus agravios. Para la Caravana de la Paz, la venganza no es justicia, y el perdón es una forma de proselitismo moral. “El hombre es más que sus defectos”, comenta el activista que transformó los actos públicos con gestos de reconciliación cristiana: “Besar a tu oponente significa demostrar que no es tu enemigo; aun en la oposición se puede vivir la sacralidad del acuerdo. No hay que olvidar que también el adversario tiene víctimas”.

Iconoclasta ante la izquierda ortodoxa, la derecha y la jerarquía eclesiástica, Sicilia desconcierta a los empresarios cuando les informa que en el sur hay menos violencia porque las comunidades indígenas preservan el tejido social y a la izquierda puritana cuando besa a un priista distinguido.

En su afán por pasar de una democracia representativa a una participativa, Sicilia enfatiza los diferentes desafíos de Estados Unidos y México: “A los gringos, que están tan reglamentados, les hace falta desobediencia civil; a nosotros nos hace falta obediencia civil”. El juego de palabras no alude a la subordinación: “Cuando la sociedad se organiza, el gobierno tiene miedo: eso es democracia”.

“La religión católica se funda en el sacrificio de un hijo”, me dijo: “es un precio excesivo; no sé si sigo creyendo”.

Un hombre de fe atravesado por las dudas permite que otros crean. Javier Sicilia llegó solo al auditorio en Princeton. Salió seguido de estudiantes. El que estaba más cerca de él, había discrepado de sus ideas.

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Saludos de todo el Equipo Ultramarina C&D


El escritor Juan Villoro, recorre ciudades antiguas

“Las piedras que hablan”, crónicas arqueológicas; se incluye a Chalcatzingo y Xochicalco, de Morelos
El Sol de Cuernavaca
1 de octubre de 2012

Rodolfo Romero

Cuernavaca, Morelos.- Las zonas arqueológicas de Xochicalco y Chalcatzingo en el estado de Morelos, forman parte de la emisión que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), realiza mediante una coproducción del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) y Canal 22, a través del escritor Juan Villoro que se transmitirá todos los martes hasta el mes de diciembre del año en curso.

Tanto en las surianas selvas vecinas del río Usumacinta, como en los Valles Centrales de Oaxaca, incluyendo el Altiplano y las zonas desérticas del Bajío y Chihuahua, los pueblos prehispánicos de México construyeron portentosas ciudades que aún guardan secretos, y podrán ser recorridas al lado del citado escritor.

Además de los sitios ya señalados del estado de Morelos, algunos otros antiguos asentamientos, conocidos hace siglos, como Teotihuacan, y otros de reciente apertura al público como El Cóporo, en Guanajuato, y Atzompa, en Oaxaca, serán abordados en una serie de 13 programas de 60 minutos.

Los programas de la serie son documentales que fungen como ventanas hacia la historia, a través de las cuales algunos de sus protagonistas narrarán los hallazgos e investigaciones realizadas en asentamientos prehispánicos en los que florecieron los antiguos grupos olmeca, teotihuacano, maya, zapoteco, purépecha, xochicalca y mexica, así como las culturas del Golfo, Casas Grandes y de la tradición Gran Tunal.

Algunos de los más recientes hallazgos arqueológicos también son contenidos en la emisión televisiva, y dan cuenta del devenir histórico de la arqueología en México, disciplina que a través de una investigación permanente logra dar a conocer más sobre los antiguos habitantes prehispánicos, e incluso formular nuevas hipótesis sobre su desarrollo cultural.

La serie recorre bajo la crónica de Villoro: Yaxchilán, Toniná y Bonampak (Chiapas); Monte Albán y Atzompa (Oaxaca); El Cóporo, Plazuelas y Peralta (Guanajuato); Huandacareo, Tres Cerritos, Tingambato, Tzintzuntzan e Ihuatzio (Michoacán); Paquimé y Cueva de la Olla (Chihuahua); Chichén Itzá (Yucatán); Chalcatzingo y Xochicalco (Morelos); Tehuacalco (Guerrero); Templo Mayor (Ciudad de México); Teotihuacan (Estado de México); El Tajín (Veracruz); y los cenotes Holtún, San Eduardo y Hoyo Negro (Quintana Roo).


Feliz cumpleaños Juan! “Nacía Juan Villoro…”

…Hace 56 años, el 24 de septiembre de 1956 en Ciudad de México, nació Juan Villoro, destacado escritor y periodista mexicano galardonado con el Premio Herralde de 2004 por su novela “El Testigo



Nacía Juan Villoro

Juan villoro, uno de los más destacados escritores y periodistas mexicanos. Fuente: flickr.com Autor: Fundación La Cueva

Aficionado al rock, Juan Villor es autor, con Joselo Rangel, de dos canciones cantadas por el grupo Café Tacuba

 

Juan Villoro, hijo del filósofo Luis Villoro, cursó sus estudios de sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana.Dentro de su trayectoria profesional condujo el programa de Radio Educación, “El lado oscuro de la luna” de 1977 a 1981 y fue agregado cultural en la Embajada de México en Berlín, dentro de la entonces República Democrática Alemana, de 1981 a 1984.
Caracterizado por ser un miembro activo en la vida periodística mexicana, continuamenteescribe sobre múltiples temas como deportes, rock, literatura y cine. De esa manera, ha colaborado en numerosos medios de comunicación como Vuelta, Nexos, Proceso, Cambio, Crisis, La Orquesta, Unomásuno y La Jornada.
En la última mencionada dirigió el suplemento “La Jornada Semanal” entre 1995 y 1998. Ha sido cronista de varios Mundiales: Italia 90 para El Nacional, Francia 98 para La Jornada en Alemania 2006 y, recientemente, en Sudáfrica 2010.
Asimismo, ha impartido talleres de creación y cursos en instituciones como el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Para 1991 publicó su primera novela “El disparo de argón”. En 1998, obtuvo el premio Cuauhtémoc de traducción, en 1999 recibió el Premio Xavier Villaurrutia y en el 2004 fue galardonado con el Premio Herralde, otorgado por la Editorial Anagrama.
Su primera participación como guionista de cine fue en la cinta “Vivir mata” del productor Nicolás Echeverría. En la actualidad, escribe para una columna en el periódico Reforma, para otra en el suplemento dominical “Revista de Libros” del diario chileno El Mercurio.
Igualmente colabora con algunos artículos para la revista colombiana “El Malpensante”. A lo largo de su carrera profesional, se ha desempeñado como traductor y algunas de sus obras han sido traducidas a otros idiomas.
Entre sus obras más representativas encontramos el libro de crónicas Tiempo transcurrido (1986) de cuento, El mariscal de campo (1978), La noche navegable (1980), El cielo inferior (1984), La alcoba dormida (1992), Autopista sanguijuela (1998), La casa pierde (1999) y Los once de la tribu (1995), entre otras.

Juan Villoro pide a la FIL explicar por qué premió al autor de 16 plagios

La polémica generada por la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances va más allá del plagio cometido por Alfredo Bryce Echenique. “El Premio FIL ya pasó por un escándalo cuando tuvo que cambiar de nombre. Es triste que el jurado no haya protegido esa iniciativa. Ahora está obligado a responder por qué el plagio reconocido e incluso sancionado no empaña una obra”, comenta Juan Villoro a La Razón.

Los 16 plagios periodísticos del autor peruano no pasaron inadvertidos. Hace unos meses el caso Sealtiel Alatriste alertó a los creadores sobre los jurados de premios literarios que omiten actividades antiéticas de los galardonados.

“Aprecio a Bryce Echenique como persona y como autor. Es obvio que cometió un error al publicar como suyos textos ajenos. El plagio deshonra la profesión. Todos los autores cometemos errores, citamos en falso y nos apropiamos de pasajes o estilos de otros. Nadie está libre de influencias ni fallos. Pero el plagio deliberado estafa al lector. Llama la atención que el jurado del Premio FIL no tomara esto en cuenta al premiar a Bryce Echenique.

“Apenas unos meses antes pasamos por el escándalo de los plagios de Sealtiel Alatriste, quien tuvo que renunciar a la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y al Premio Villaurrutia. Fue una situación dolorosa pero se resolvió bien y en esa medida se podría pensar que tiene menos responsabilidad al copiar. Además, sus mejores libros (Un mundo para Julius o La vida exagerada de Martín Romaña) no son producto del plagio. Con todo, faltó a la ética”, expresa el ganador del Premio José Donoso.

A su vez el escritor y periodista René Avilés Fabila recalca que “México es el paraíso de los plagiarios”, pues el incidente de Sealtiel Alatriste sumado al caso Bryce Echenique pone en duda a las instituciones culturales, ya que “la culpa es del jurado que lo premió conociendo su reputación. Eso indica que hay mafias culturales y que suelen ser solidarias entre sí: un favor concedido significa uno recibido”, sentencia.

Sin embargo, otros autores reconocen que el premio se enfoca en la trayectoria literaria y no en la obra periodística acusada de plagio. Alberto Chimal comenta que a pesar de que “no habría sido mi primera opción para el Premio FIL… su elección no es una deshonra para el Premio —pues— lo que vale es su obra narrativa”.

Pero el problema tiene un significado mayor, de acuerdo con Avilés Fabila: “Los jurados no son tontos, sólo cínicos y oportunistas. La FIL y el Conaculta son los principales responsables. Desde entonces sólo silencio de quienes dieron un fallo escandaloso y reprobable”.

Por último el columnista lanza la pregunta: ¿Vendrá Bryce Echenique a Guadalajara para que Padilla le dé el jugoso cheque o se enfermará y algún amigo lo recogerá? La respuesta tal vez llegue el 24 de noviembre en Guadalajara.


Villoro, Jaco y Reed (Entre Peces Musicales y Paraísos Artificiales)

Extraído de: http://www.sexenio.com.mx/columna.php?id=4459

Por: Alejandra Gómez Macchia

El pasado jueves, Juan Villoro estuvo en Puebla dando una conferencia sobre sus últimos tres libros: “¿Hay vida en la tierra?” (Almadía), “La calavera de cristal” (Sexto Piso) y “Arrecife” (Anagrama).

Me enteré de su charla, como se entera uno de todas las cosas actualmente: por Facebook.

Esa mañana decidí apresurar todos mis pendientes para  poder llegar, mínimo,  con una media hora de anticipación para, aprovechando el viaje, comprar algunos libros en el lugar donde sería el evento: Profética.

De dos años a la fecha he asistido a varias presentaciones de libros en el famoso patio de la librería y no me había tocado ver a tanta gente como en este caso. Fui, por ejemplo, a cumplir con una nota sobre la presentación de  la novelita sosa que escribió la mujer del “Peje”, en la que medio patio estaba atento a los comentarios de los presentadores y la autora, mientras la otra mitad bebía con singular alegría un mezcal orgánico que, debo decirlo, no está nada mal.

En otra ocasión vino Julián Herbert a presentar su bellísima “Canción de Tumba”. Ahí sí, todos estaban atentos  escuchando al poeta y sus presentadores, que  a decir verdad, dejaron mucho que desear con sus comentarios, pero ese ya fue problema del dueño de la librería que muchas veces escoge al “detínmarín” a la gente que presenta.

El caso es que al llegar a la librería, me topé con que ya no había un solo lugar para sentarse. Y tanto los pasillos como la parte superior de la casona estaba reventando de gente que quería escuchar  ¿qué traía Villoro?

Por fortuna esta no fue una presentación  en la que los eternos  intelectuales provincianos fungieran como árbitros de la obra de un hombre que, haciendo gala de su impecable redacción mental, no necesita más que estar él y su botella de agua en la mesa central.

Debo confesar que poco conocía de Villoro hasta ese momento. Incluso unas horas antes de salir para el centro, un aguafiestas espetó con supina pedantería que ¿a qué iba a escuchar a Villoro si mis lecturas andaban en otras coordenadas?  “Precisamente”, contesté. “Voy a conocer a Villoro, ¿tú gustas? Y me contestó que no. Que Villoro últimamente le daba un poco de flojera y que prefería ver alguna serie gringa del HBO. “Ok. Pues de regreso te cuento”… Al final el intrigoso terminó por alcanzarme en el lugar del evento.

Una vez instalada en el pasillo derecho del patio, intenté sacar notas de lo que el autor explicaba sobre sus libros. Poco pude hacer, pues la verdad estaba tan absorta con su capacidad de monologar, que preferí poner atención y escuchar sus anécdotas llenas de humor e ironía; como el hecho de comparar la pesada espera en un trámite burocrático con un carnaval hermético y medieval, o, que hacer un libro de cómics en México puede ser equivalente al preámbulo de un suicidio. Curiosamente, “La Calavera de Cristal” está editada por Sexto Piso (medida inequívoca de la cual uno se puede aventar con la certeza de perder la vida en el costalazo).

Luego de una hora en la que evocara, por ejemplo, su admiración a Jorge Ibargüengoitia, Gabriel Vargas, Novo, etc. Y de hacer múltiples guiños al rock, Villoro dio chance a los presentes de preguntarle sus inquietudes. Ya sabrán: la mayor parte de las preguntas eran redundantes y obvias; pasando por el típico viejito que se viaja al preguntar, da un rodeo y nunca llega, hasta el poeta local que quiso ponerlo en jaque y nomás no pudo.

El autor contestó todas las preguntas que, aunque solían repetir el contexto, se perdonaban por el hecho benevolente de que, por lo menos unos cuantos poblanos, leen o se están en el intento.

De los tres libros  presentados el que más me llamó la atención, y terminé por comprarlo, fue “Arrecife”. Aunque  ”¿Hay vida en la tierra?” Se me antojaba por ser un compendio  de crónicas.

Este fin de semana me dispuse a leer la novela cuya trama transcurre en la Riviera Maya. De alguna manera ese fue el primer gancho que jaló mis hilos ya que viví en ese lugar un año y también me tiré, como uno de sus personajes, a una serie de paraísos artificiales que se ofertan en esos lares como si fueran cocos.

Ahora llego al tema toral de mi columna: la pasión por el rock de Juan Villoro.

Y antes de continuar, debo agradecerle a “Sus Satánicas Majestades” (o a  otra deidad rocanrolera) que los comentarios nefastos que recibí antes de la presentación, no mermaron las ganas de ir a conocer al escritor.

Supongo que los verdaderos motivos de la agresión hacia mi inocente personita tenían una connotación más bien territorial. Pero…

a) No le guiñé el ojo (si ese era su principal temor).

b) No me invitó a cenar (supongo que porque no me vio bien entre el tumulto).

c) No me abalancé sobre él  como aspirante a grupi (porque no es mi estilo. Ellos me buscan solos).

Ay, el rock…

Una de las más grandes aficiones que tengo. La que me ha abierto camino a cosas más interesantes.

En “Arrecife”, Juan Villoro termina por enredarme en la trama gracias a dos personajes, que si bien no son los principales, son una pieza indispensable para mantener en suspenso a cualquier  “bleeding heart” del buen rock.

Uno es Jaco Pastorius: el chingón de Weather Report. Ya una vez le dediqué una columna entera a este mago del “electric bass”. Creo que la titulé “El bajo más ebrio del mundo”. A quien  conocí, por cierto, hace más de una década en el disco “Hejira” de la gran  Joni Mitchell.

El otro rockero inolvidable es Lou Reed.

Dentro de la novela, Tony (el personaje principal) narra entre su confusión una anécdota llena de contrastes sobre el líder de Velvet Underground.

“Había recibido la mejor noticia de mi vida: Velvet Underground, estaría en México y seríamos nosotros (Los Extraditables), el grupo abridor”.

Concluyendo:

Si alguien que se tope con este artículo es un apasionado de Jaco Pastorius o de Lou Reed, lea “Arrecife” de Juan Villoro.

También si usted, ¡oh, mustio lector!, ha estado inmerso en el deplorable ambiente turístico de  Cancún, Playa del Carmen o la Riviera Maya, en “Arrecife” encontrará un retrato bastante nítido de lo que aquel mundillo místico- sintético, ofrece a las pobres almas que buscan peligro en el placer.

 


Cristiano Ronaldo y su tristeza, Juan Villoro tiene algo que decir.


Juan Villoro: Los héroes son normales

Extraído de: http://noticias.terra.com.mx/mundo/juan-villoro-los-heroes-son-normales,72789da3890a9310VgnVCM3000009acceb0aRCRD.html

El futbol se juega en los estadios, pero afecta a la bolsa de valores y al estado de ánimo de los panaderos. El pasado domingo, Cristiano Ronaldo se abstuvo de celebrar los dos goles que anotó ante el Granada. Desde que los Rolling Stones cantaron (I can’t get no) Satisfaction, la cultura de masas no atestiguaba una ausencia de gratificación tan ostensible. Vitoreado por el Santiago Bernabéu, el número 7 del Real Madrid puso la cara de un burócrata que acaba de estampar un sello. Luego dijo que estaba triste “por motivos profesionales”.

¿Qué le falta al delantero para sonreír? En tiempos de crisis, tiene un sueldo anual de 10 millones de euros netos, juega con el equipo que ganó la Liga, recibe el afecto de una modelo rusa y, algo más difícil de conseguir, del máximo intrigante del futbol mundial, José Mourinho. Pero algo le falta al gladiador. No ganó el Balón de Oro (que fue a dar a Iniesta) ni pudo tirar el último penal de la serie con que España doblegó a Portugal en la Eurocopa. Es admirado pero su ego reclama idolatría. Ha dicho que el mundo lo envidia por exitoso y apuesto (en la iconografía metrosexual compite con las estatuas griegas del joven Kouros).

El oficio de futbolista es el más comentado del planeta Tierra. Desde el Jardín del Edén, la especie depende de mitos que se forjan en la hierba.

Cristiano ha provocado la terapia de grupo más numerosa de la historia. Todo mundo tiene algo que decir de su melancolía. La pregunta decisiva es: ¿qué tan egoísta puede ser alguien que practica un deporte de conjunto? Enamorado de su reflejo en la pantalla de plasma, el Narciso de nuestros días olvida que depende de los otros.

¿Es posible que sea sencilla una persona cuya efigie vende millones de zapatos, desodorantes o yogures? Más aún: ¿es posible que sea normal? Desde que Héctor desafió a Aquiles, sabiendo que iba a morir, conocemos la respuesta: los héroes son normales.

El Premio Príncipe de Asturias acaba de ser concedido a dos futbolistas que, siendo excepcionales, demuestran que la gloria es sensata. Iker Casillas, capitán del Real Madrid, y Xavi Hernández, capitán del Barcelona, llevaron a España a conquistar el Mundial en 2010 y la Eurocopa en 2012. Desde la adolescencia han compartido la camiseta roja, pero militan en los archirrivales del futbol español.

En la temporada 2010-2011 los aficionados vimos enfrentamientos que no estábamos capacitados para metabolizar. El Barça y el Madrid se enfrentaron en la Liga, la Copa del Rey y la Champions. José Mourinho envenenó las ruedas de prensa, culpó a los árbitros de las derrotas, insinuó que el Barcelona se dopaba y le picó un ojo al técnico Tito Vilanova. El defensa portugués Pepe repartió patadas en el césped y pisó la mano de Messi.

Dispuesto a ganar a cualquier precio, Mourinho piensa que la ética es una señora que sólo da disgustos y que el odio es la vitamina del atleta.

Las tensiones entre el Barça y Madrid estuvieron a punto de fracturar la selección española hasta que Xavi y Casillas hablaron para acabar con la cizaña. Si la ávida sociedad del espectáculo quería sangre, los capitanes provocaron una anti-noticia: decidieron respetarse.

El Príncipe de Asturias honra la solidaridad de los enemigos. Nadie ha engrandecido más los goles del Barcelona que el incomparable Casillas, y Xavi es el mejor pasador de la historia del futbol español; nunca el equipo merengue ha disfrutado tanto como cuando le quita la pelota.

En 2008, Santiago Segurola escribió sobre Casillas: “El Madrid juega con uno más no porque Casillas sea un gran portero, que lo es, sino porque su presencia afecta visiblemente a los rivales”. En 2009, escribió sobre el mediocampista blaugrana: “Xavi ha educado a los aficionados españoles, nos ha cambiado la mirada, nos ha trasladado de lo obvio a lo sutil, nos ha demostrado el incalculable valor de la paciencia, la astucia, el engaño y la adecuada elección de los momentos, nos ha demostrado cómo su pequeño cuerpo no le impide defender la pelota de sus atribulados rivales, nos ha dicho cómo se gobierna un partido”.

A esos atributos deportivos se une su temple de capitanes: Casillas y Xavi hacen mejores a los otros.

Cristiano Ronaldo -conocido por las siglas CR7, como si fuera un célebre aparato- rara vez felicita a sus compañeros cuando no participa en el gol y sale de la cancha mientras Casillas reúne a los demás para aplaudir al público.

El futbol es más que un deporte. El desaforado interés que despierta lo convierte en modelo de conducta y espejo acrecentado de la sociedad. Sus pasiones fueron anticipadas por el primer comentarista de los héroes. El mundo no ha cambiado tanto desde que Homero enfrentó a Aquiles, el de los pies ligeros, y a Héctor, el domador de caballos.

Cristiano Ronaldo juega a ser un dios. Iker Casillas y Xavi Hernández juegan a ser hombres.


Felicitaciones a Juan Villoro, autor de Ultramarina, Galardonado con el premio de Letras José Donoso 2012

Juan Villoro es galardonado con el premio de Letras José Donoso 2012

El escritor fue premiado por su lenguaje “ingenioso y agudo” y su tratamiento novedoso para describir la historia y la identidad mexicanas

Miércoles, 05 de septiembre de 2012 a las 18:09
Villoro recibirá el premio en la Feria Internacional del Libro de Santiago, que se celebra entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre (Cuartoscuro).
Villoro recibirá el premio en la Feria Internacional del Libro de Santiago, que se celebra entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre (Cuartoscuro).
SANTIAGO, Chile (EFE) — El escritor mexicano Juan Villoro fue galardonado este miércoles, por su extensa y “versátil obra”, con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2012, que entrega desde 2001 la Universidad de Talca en memoria del autor chileno que le da nombre.

Villoro fue designado por “unanimidad” de los seis miembros del jurado, quienes destacaron la diversidad de géneros que ha cosechado durante su trayectoria literaria que el autor de El testigo” aporta a la literatura iberoamericana y por su “diestro manejo lingüístico” en las materias que abordan sus creaciones.

Autor de novelas como Materia dispuesta o Arrecife; de literatura infantil como El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica o El libro salvaje, y de ensayos y crónicas deportivas, cinematográficas y musicales, Villoro(México 1956) se confesó sorprendido y “agradecido” de recibir el premio.

“Dicen que el que no acepta un premio es porque quiere dos. Estoy muy agradecido. Se trata de un estímulo y creo que la mejor manera de entenderlo es saber que los premios no escriben por ti, no son certificados de inmortalidad, pero son estímulos para que sigas arriesgando”, agradeció este miércoles el premiado al ser contactado telefónicamente por el jurado, reunido en Santiago.

Se mostró “orgulloso” de sentirse asociado con la figura del escritor chileno José Donoso (1924-1996), al que conoció en México antes de su muerte, y de quien destacó su sentido del humor, así como su aportación como novelista en el boom de la literatura latinoamericana entre los años 60 y 70.

“Con Carlos Fuentes, quien murió recientemente, solíamos acordarnos mucho de Donoso, ya que es una figura muy significativa para mí y también desde el punto de vista personal y amistoso”, reveló el autor del ensayo futbolístico Dios es redondo.

Villoro confesó además su conexión personal y literaria con Chile, en donde vivió en primera persona el terremoto del 27 de febrero de 2010 que ocurrió en ese país y que de cuya vivencia escribió el libro 8.8: El miedo en el espejo.

“Las experiencias de supervivencia son extraordinarias siempre y cuando las puedas contar. No hay nada más valioso que el miedo transcendido en la satisfacción de estar vivo”, explicó el premiado.

El presidente del jurado, Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de las Letras, destacó durante el fallo del galardón, “el lenguaje ingenioso y agudo” de la obra de Villoro, así como su “tratamiento novedoso” para describir la historia e identidad mexicana.

“Fuera de tópicos y exotismos, con un lenguaje ingenioso y agudo, describe un universo poblado de personajes cargados de incertidumbre y soledad”, mencionó Barcia.

En tanto, Anthony Stanton, crítico literario inglés del Colegio de México y miembro del jurado, enfatizó la facilidad de Villoro en amoldarse a cualquier género, calidad que lo convierte en un escritor “con inquietud propia”, aseguró.

“Yo hablaría de alguien que necesita varios espacios para explayarse. Lo distintivo de Juan Villoro es que es un escritor que necesita muchos géneros, muchas formas expresivas para desarrollar su talento (…) tiene cuento, tiene novela, tiene ensayo, tiene esa producción impresionante en crónica y reportaje”, apuntó Stanton.

El jurado del XII Premio José Donoso lo completan la doctora en literatura para la Universidad de Alicante (España) Carmen Alemany Bay, las profesoras Medtchild Albert y Genèvie Fabry, de la Universidad alemana de Bonn y de la Universidad belga de Lovaina respectivamente, y el coordinador del premio, Javier Pinedo, profesor de literatura de la Universidad de Talca.

Con este reconocimiento Villoro se suma a la nómina de escritores hispanoamericanos como el también mexicano Jorge Volpi, la chilena Isabel Allende y el español Javier Marías, que obtuvieron el galardón José Donoso en ediciones anteriores.

La ceremonia de entrega del premio, que incluye una medalla, un diploma y 30,000 dólares, se realizará durante la Feria Internacional del Libro de Santiago, a celebrarse entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre en la capital chilena.


Próximo jueves 13, Juan Villoro en Puebla (Mx)

 

Villoro estará en Puebla; presentará tres publicaciones

2012-09-06 04:00:00

Profética Casa de la lectura (3 Sur 701) invita a la conferencia que dará el escritor Juan Villoro, con el propósito de presentar tres de sus últimas publicaciones: Arrecife, novela editada por Anagrama; ¿Hay vida en la tierra?, de la colección Narrativa de la editorial Almadía, yLa calavera de cristal, novela gráfica ilustrada Bernardo Fernández, Bef, editada por Sexto Piso.

La cita es el día jueves 13 de septiembre, a las 19 horas, con entrada gratuita, pero cupo limitado.

El comunicado que emitió Profética destaca que Juan Villoro (ciudad de México, 1956) ha desarrollado una prosa inconfundible, que ha merecido premios importantes de España y México, como el Xavier Villaurrutia, el Mazatlán, el Jorge Herralde y el Vásquez Montalbán.

Asimismo, resume que la novela Arrecife es una reflexión sobre los daños que elegimos para intensificar la vida, “donde se describe una nueva ecología: el cambio climático vacía los hoteles y el lavado de dinero los regenera, como emporios fantasma”.

Mientras que en la colección narrativa ¿Hay vida en la tierra? reúne 100 cuentos basados en circunstancias reales, una mezcla de periodismo y literatura.

Finalmente, La calavera de cristal es la primera novela gráfica de Juan Villoro. Esta historia, ilustrada por Bef, apuntala el género del cómic en México y se presenta como una lectura entretenida y entrañable para todas las edades.


Reseña de Arrecife, de Juan Villoro; en http://www.losinrocks.com/

Con aires posapocalípticos en clave latinoamericana, la nueva novela del escritor mexicano tiene pulso de thriller cinematográfico. / Por Lucas Mertehikian

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Arrecife, la última novela de Juan Villoro, se ubica en uno de esos planos espacio-temporales moderadamente apocalípticos que parecen ser el futuro dentro de diez minutos y que tan bien le calzan a América Latina y, más todavía, a sus puntos (por no decir centros) neurálgicos: en este caso, México. En las playas de Kukulcán, una zona arrasada por el cambio climático y la narcoguerrilla, se erigen hoteles vacíos que sirven para negocios impositivos con sede en los Estados Unidos y Europa. Entre ellos está el único ocupado, La Pirámide, un resort de turismo de riesgo que ofrece a sus visitantes excitaciones controladas: incursiones en la selva, encuentros con narcos falsos y simulacros de secuestro.

Hasta ahí el argumento es conocido: asqueados por la rutina del hiperdesarrollo, la clase media acomodada de una parte del mundo necesita hacer muchos kilómetros para conseguir que el corazón les lata más rápido. Presumiblemente, porque no tienen guerrillas, narcos y secuestros express. El encargado de orquestar las aventuras es Mario Müller, ex líder de la banda de rock Los Extraditables, que después de muchos años de girar por el under sin mayor suerte, estudió turismo, dio con la idea de La Pirámide y consiguió un inversor extranjero que la financiara. Lo acompaña el narrador de la novela,Tony Góngora, ex bajista de la misma banda a quien Mario rescató de la drogadicción para hacerlo su mano derecha en el hotel. Tony trabaja de “hombre de confianza” y, por supuesto, Arrecife comienza cuando la confianza empieza a resquebrajarse: con un asesinato.

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El cuadro general de descomposición paisajística es convincente y los elementos que se suman a la intriga policial funcionan como los clásicos que no fallan: otro muerto, una mujer, un pasado oculto.

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Villoro logra construir, a partir de allí, una novela de intriga sólida, de buen pulso narrativo, con diálogos bien equilibrados entre el murmullo cotidiano y las punch lines de rigor. Cada personaje tiene la dimensión que el relato demanda, y las tensiones y fisuras en la amistad entre Tony y Mario, como en todas las relaciones de muchos años, alimentan la narración. El cuadro general de descomposición paisajística es convincente y los elementos que se suman a la intriga policial funcionan como los clásicos que no fallan: otro muerto, una mujer, un pasado oculto.

El efecto es de un dinamismo cinematográfico y al lector le costará no leer en Arrecife una película por venir, aun cuando ésta no llegue nunca (a propósito, una película olvidada de fines de los noventa, The Game, de David Fincher, parte de una premisa narrativa casi igual a la propuesta de La Pirámide). Pero como en muchas películas del estilo, hay un tufillo moralista en el final redentor que parece contagiar el resto de la novela y que, si bien no alcanza a tapar sus mejores momentos, queda flotando en el aire, como el olor a comida en una sala de cine vacía.

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JUAN VILLORO
Arrecife 
(Anagrama)
280 páginas


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