Narran el paso de Luis Cernuda por México y su cercanía con Paz
Luis Cernuda. Años de Exilio (1938-1963) es el retrato del poeta que viajó a México en su exilio y quedó atrapado en él por sus paisajes, la hospitalidad de su gente y el clima. Pero sobre todo, por la recuperación del idioma y el encuentro inesperado del amor, detalla el investigador y traductor Antonio Rivero Taravillo, quien ha publicado la segunda entrega de la biografía más completa que narra los últimos 25 años del poeta.
A casi 109 años del nacimiento del poeta sevillano, el investigador publica la segunda parte de la biografía, que da cuenta de la historia personal y creativa de uno de los mayores poetas en lengua española del siglo XX.
Sin embargo, acepta que si Cernuda leyera esta biografía estaría rotundamente en contra de su publicación. “No le gustarían los testimonios de tanta gente que lo conoció porque eso deja la idea de una persona esquiva, reservada y complicada en el trato.
“A Cernuda no le habría gustado esta biografía y lo acepto humildemente. Seguramente no habría querido que indagáramos en su vida porque sólo le gustaba leerlas; por ejemplo, a él le gustó mucho la biografía de Hernán Cortés que publicó Salvador de Madariaga en 1941”, explica en entrevista el ganador del XX Premio comillas de Historia y Biografía por el primer volumen titulado Luis Cernuda, Años Españoles (1902-1938).
AMISTADES. Publicada por Tusquets Editores, esta biografía requirió de quince años de trabajo y estudio continuo, de los cuales los últimos cinco fueron dedicados de tiempo completo.
En el volumen, el investigador evoca el contexto de libros como Desolación de la quimera y retrata sin complacencias el susceptible carácter del autor, las enemistades que ganó, su vida austera y solitaria, centrada en la creación poética y la reflexión teórica.
Cuando Cernuda llegó a México, muy pronto se relacionó con el grupo de los Contemporáneos, donde figuraban Carlos Pellicer y Xavier Villaurrutia, pero a su vez guardó distancia.
“Y aunque por una parte estaba contento de encontrar viejas amistades hay otros con los que casi no se relaciona o los ve como enemigos, como en el caso de poetas como Juan Ramón Jiménez, Emilio Prados y Pedro Salinas”.
En Luis Cernuda. Años del exilio (1938.1963), el ensayista y poeta Tomás Segovia cuenta cómo su primer encuentro con Cernuda fue toda una decepción. “Lo que le pasó a Segovia lo vivieron muchos otros, quienes creyeron que al llegar con el gran poeta podrían hablar de literatura. Pero no, él hablaba de cine, de corbatas y frivolidades con una displicencia chocante. Y a eso se puede sumar su dandismo, que utilizó como un método para guardar distancia con los demás”, detalla.
Sólo hubo un escritor mexicano con el que realmente entabló una amistad cercana, duradera y por quien incluso se sintió comprendido: Octavio Paz. “Aunque Cernuda se relacionó con los Contemporáneos, fue con Paz con quien trabó una amistad más sólida”.
Quizá el secreto para que esa amistad perdurara, apunta, fue que no convivieron juntos tanto tiempo, ya que mientras el poeta sevillano se encontraba en México, Paz estuvo en misiones diplomáticas en otros países.
“Aunque lo cierto y verdadero es que Cernuda vio en el autor de Piedra de Sol a su principal intérprete. Tan es así, que el ensayo La palabra edificante, de Paz, es lo más exacto y hermoso que se ha escrito en torno a la poesía de Luis Cernuda. De tal suerte que siempre alabó la inteligencia de mexicano y se sintió cómodo y bien leído por él”.
