Toni Montesinos Gilbert

Toni Montesinos

 

Toni Montesinos Gilbert

‘Antología poética del suicidio (siglo XX)’

 

 

Toni Montesinos Gilbert (Barcelona, 1972), crítico literario del periódico La Razón desde el año 2000 y colaborador de revistas como Clarín, es autor de las novelas Solos en los bares de la noche (2002) y Hildur (2009), y del libro misceláneo El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico (2005). Ha publicado los libros de poesía: El atlas de la memoria (1998), Labor de melancoholismo (2000), La ciudad gris (2001), La muerte escondida (2004), Sin (2010) y Diario del poeta isleño (2013).

Ha recogido sus ensayos de poesía y narrativa universales, respectivamente, en Experiencia y memoria (2006) y Desarticulación (2009), y los de índole fílmica en Que todo en la vida es cine. Escritos autobiográficos sobre películas (2013). Con La pasión incontenible. Éxito y rabia en la narrativa norteamericana (2013) recibió el XI Premio Internacional de Crítica Literaria Amado Alonso, a lo que cabe añadir La resistencia del ideal. Ensayos literarios 1993-2013 (2014) y el inminente Melancolía y suicidios literarios. De Aristóteles a Alejandra Pizarnik (2014).

Asimismo, ha reunido sus crónicas viajeras y poemas neoyorquinos en Escenas de la catástrofe (2010), es autor del libreto de la ópera electroacústica Trenes de marzo (2006), y se ha encargado de editar la obra de Ángel Crespo, José Balza, Horacio Quiroga, Benito Pérez Galdós, Luis Rogelio Nogueras, Jaime Quezada y José Antonio Ramos Sucre. Desde el año 2009 mantiene el blog de “escrituras y vivencias literarias” Alma en las Palabras.

 

Muertes de otros, de uno mismo

 

Se me ha muerto un niño tropical y de ceniza,

ciego de continente y con los bolsillos vírgenes;

se me ha ido después del último sol

y su calavera yace aún entre mis manos,

negras por el sudor, por la fatiga

de saber que yo vivo, o desvivo mis días

como queriendo ir hacia atrás,

hacia el primer futuro: la memoria.

 

Se me ha muerto mientras sonaba el último sol

el niño tropical y de ceniza,

y el llanto de las calles entra firme

en las patas de los perros, en los balcones rotos,

en los cuellos de los que serán mujeres tristes,

en sus próximos maridos: guardianes del horror,

padres de otras cenizas: guardianes del horror…

alertas al ensueño

solo para acabar con él.

 

Se me ha muerto una vida en esta isla

y yo sé que en mi mente ya no hay remedio.

He visto cómo su suerte rodeaba mi cintura…

Yo he guardado el horror. Ya no hay remedio.

 

A mí ese niño tropical y de ceniza

ya se me había muerto muchas otras veces.

Pero en esta isla, tras el último sol,

se ha vuelto a morir mi lejano niño enfermo,

y he debido enterrar mi recuerdo, mi ceniza…

 

Aquí, en el Trópico, la vida siempre recomienza.

 

Larga nocturnidad / Mucho calor / La Habana Vieja

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