
Todos los nombres son recuerdos, una idea y una posibilidad. Leo a Blanca Martín en su poemario Todos esos nombres y conecto con las ausencias, algunas voces que narran historias de fantasmas y amores adolescentes cuya cicatriz nos resulta una memoria amable. La relación entre la poesía y la fotografía-documento que nos muestra Blanca Martín en su proyecto preciosamente autoeditado comparten la capacidad de capturar la esencia de la vida cotidiana y trascender lo puramente visual para adentrarse en el ámbito de lo emocional y lo simbólico. Ambas formas de expresión buscan dar voz a los recuerdos, visibilizar realidades del antaño y explorar la complejidad de la condición humana en su época más vulnerable, es decir, durante la adolescencia y los períodos formativos vitales.
Mediante los paseos largos y las miradas azules, caleidoscopio transocéanico y de niña-mujer, Blanca Martín, con su proceso manual y su estética particular, añade una dimensión de nostalgia y autenticidad a las imágenes, reforzando su capacidad de evocar emociones y recuerdos en la persona lectora. En este sentido, la poesía y la fotografía de Blanca Martín desempeñan un papel crucial como herramienta de denuncia identitaria de sí misma para con sí y de testimonio histórico autocrítico. La poesía es el vehículo a través del cual se transmiten las emociones y reflexiones más profundas sobre la realidad personal, con paisajes de España y Chile, de la memoria, del amor y de la inconsecuencia. Las formas de arte de Blanca Martín se complementan y enriquecen mutuamente, creando una narrativa visual y verbal que invita a acariciarse antiguas heridas de la ternura.
Con esta reseña damos la bienvenida a Blanca Martín, gestora, fotógrafa y creadora audiovisual, a la Plataforma Placa y a la Editorial Ultramarina Cartonera & Digital. Recomendamos su exquisito trabajo fotográfico, cargado de poesía y simbolismo.
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