Querido desconocido:
Estás a punto de conocer una de esas historias que pocas veces se cuentan cuando se habla de la poesía hispanoamericana del siglo XXI. Una historia que comenzó hace veinte años, con unos cuantos poetas, muchas ganas de hacer cosas y prácticamente ningún recurso. Una historia que ha cruzado océanos, publicado libros, reunido a miles de personas y demostrado que la cultura también puede construirse desde abajo, desde los márgenes, sin esperar a que nadie nos dé permiso.
Esta historia se llama PLACA, Plataforma de Artistas Chilango Andaluces.
Nació en Sevilla, en 2006, del encuentro entre México y Andalucía. De la experiencia migrante, del desarraigo, de la necesidad de encontrar un lugar propio y de una pregunta muy sencilla: ¿por qué no hacemos nosotros aquello que nos gustaría que existiera?
Así comenzó el Recital Chilango Andaluz. Primero fue un encuentro de poesía joven; después, un puente entre Sevilla y Ciudad de México, con actividades simultáneas cuando las conexiones por internet todavía eran una aventura. Hoy, veinte ediciones después, aquel primer recital se ha convertido en el origen de una red cultural que ha recorrido ciudades, países y continentes.
Pero lo verdaderamente importante no es cuánto hemos viajado, sino cómo y para qué lo hemos hecho.
Desde el principio entendimos que las fronteras son construcciones políticas, pero que las culturas siempre han estado en movimiento. Que un poeta mexicano puede encontrar su casa en Sevilla, que una escritora peruana puede dialogar con lectores en Nueva York, que un joven de un barrio periférico tiene tanto derecho a ser escuchado como cualquier autor consagrado. Que la poesía no pertenece a una nacionalidad, una institución o una élite. Pertenece a quienes la escriben, la leen, la escuchan y la comparten.
Por eso construimos puentes. No como metáfora bonita, sino como una forma concreta de trabajar.
En 2009 nació la Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, porque comprendimos que organizar recitales no era suficiente: también había que publicar los libros, ponerlos en circulación y acompañarlos durante años. Comenzamos trabajando con cartón reciclado, haciendo libros con las manos, y fuimos incorporando herramientas digitales, nuevas formas de impresión y redes internacionales de distribución. Hoy nuestro catálogo reúne más de un centenar de títulos y autores de distintas generaciones y territorios. Libros que viajan entre España, México, Estados Unidos y otros países. Libros que no queremos convertir en mercancías de usar y tirar, sino en obras capaces de seguir encontrando lectores mucho después de su publicación.
Alrededor de esa misma idea crecieron los talleres, las antologías, los documentales, las intervenciones urbanas, los festivales, las veladas y las giras poéticas. Llevamos la poesía a bares, universidades, librerías, plazas, escuelas y espacios donde antes no había un escenario para ella. Formamos nuevas generaciones de creadores y gestores culturales. Aprendimos a editar, a producir, a grabar, a transmitir en directo, a trabajar con nuevas tecnologías y a compartir ese conocimiento con quienes venían detrás.
Con Nuevas Miradas abrimos caminos para jóvenes poetas. Con Transparencias impulsamos espacios de encuentro entre voces de mujeres de distintas regiones. Con Contemporáneos comenzamos a registrar las vidas y las obras de artistas atravesados por la migración. Con los Talleres REC demostramos que un libro puede nacer de materiales recuperados, de unas cuantas herramientas y de la voluntad de crear. Con Poesía On The Road convertimos el viaje en una manera de construir comunidad, llevando nuestros libros y nuestras voces por universidades, ciudades y encuentros culturales de América y Europa.
Y todo esto ha sucedido sin convertirnos en una gran empresa cultural, sin una estructura centralizada ni una plantilla permanente. Hemos trabajado con presupuestos mínimos, equipos cambiantes y personas que se suman desde diferentes lugares del mundo. Hemos tenido dificultades, proyectos que no salieron adelante, errores y temporadas complicadas. También hemos encontrado una enorme cantidad de gente dispuesta a compartir lo que sabe, abrir una puerta, prestar un espacio, alojar a un poeta o ayudar a que un libro llegue a otra ciudad.
Esa es nuestra verdadera riqueza.
Durante estos veinte años hemos aprendido que la autogestión no consiste solamente en trabajar sin dinero: consiste en conservar la libertad de imaginar, decidir y construir. En entender que una idea puede comenzar con dos personas alrededor de una mesa y terminar reuniendo a cientos al otro lado del océano. En reconocer que ninguna obra cultural importante se sostiene únicamente sobre un nombre, sino sobre las personas que la hacen posible.
En estos años, Editorial Ultramarina Cartonera & Digital ha construido algo que va mucho más allá de un catálogo: una memoria viva de la poesía contemporánea que cruza países, generaciones y maneras de entender la literatura. Hemos tenido el privilegio de publicar obras fundamentales como Perros habitados por las voces del desierto, coordinada por Rubén Medina; la poesía de Leoncio Bueno, Luis Arturo Guichard y Fiona Sampson, junto a una inmensa comunidad de poetas y escritoras que han confiado sus palabras a nuestra casa. Y están también nuestras antologías, quizá una de las expresiones más claras de lo que somos: Poetry Fighters, Desde los Altos de Jackson, Todos los dioses, Voces de la resistencia, la antología de Ohio En el corazón de todo y tantas otras publicaciones que reúnen voces que difícilmente coincidirían bajo un mismo techo. Cada libro ha sido una forma de tender puentes, de conservar una voz, de crear comunidad. Porque para nosotros editar nunca ha sido solamente publicar libros: ha sido hacer que las palabras viajen, encuentren lectores y permanezcan.
Ahora, en 2026, cuando cumplimos veinte años, miramos hacia atrás y resulta difícil reconocer en todo este recorrido aquella pequeña reunión de poetas en Sevilla. Y, sin embargo, seguimos haciendo esencialmente lo mismo: reunir personas, compartir palabras, crear oportunidades y llevar la literatura de una orilla a otra.
No creemos que la poesía vaya a resolver por sí sola las injusticias del mundo. Pero sí creemos que puede cambiar la manera en que nos relacionamos, ayudarnos a escuchar otras experiencias y recordarnos que ninguna cultura existe aislada. Frente al individualismo, proponemos comunidad. Frente a las fronteras, encuentro. Frente a la competencia permanente, colaboración. Frente a la velocidad y al olvido, memoria, continuidad y trabajo compartido.
Nos interesa la poesía que se mezcla con la música, el cine, la tecnología y las artes visuales. La que se escribe en papel y la que explora las posibilidades de una pantalla. La que conserva la memoria de nuestros mayores y la que todavía no sabemos cómo escribirán las generaciones futuras. No defendemos una única manera de crear: defendemos la posibilidad de que existan muchas.
Quizá por eso seguimos llamándonos chilango andaluces, aunque hace tiempo que nuestras geografías dejaron de caber en esas dos palabras. Porque aquel nombre, nacido del encuentro entre dos tierras, terminó convirtiéndose en una forma de entender el mundo. Somos de aquí y de allá. De las ciudades donde nacimos y de aquellas que nos acogieron. De las lenguas que heredamos y de los acentos que hemos ido incorporando. Somos, en buena medida, el resultado de todos nuestros desplazamientos.
Somos ultramarinos.
Y si algo queremos compartir contigo después de estos veinte años es que no hace falta esperar a tenerlo todo para comenzar. Que se puede construir una editorial, un festival, una comunidad o una red internacional desde la voluntad de unas cuantas personas. Que los proyectos culturales pueden durar, transformarse, equivocarse, volver a empezar y seguir siendo independientes.
No sabemos hasta dónde llegará esta historia. Queremos seguir publicando, viajando, formando nuevos equipos, encontrando lectores y abriendo espacios para quienes todavía no tienen uno. Queremos que los proyectos sobrevivan a sus fundadores, que las nuevas generaciones los transformen y que algún día otras personas continúen construyendo estos puentes sin necesitarnos.
Porque nunca se trató de levantar un monumento a quienes comenzamos todo esto.
Se trataba de dejar caminos abiertos.
Querido desconocido, esta es una parte de nuestra historia. No te la contamos para que nos admires, sino para que sepas que otra forma de hacer cultura es posible. Que llevamos veinte años intentándolo y que, pese a todas las dificultades, aquí seguimos.
Y que si alguna vez encuentras uno de nuestros libros, escuchas a uno de nuestros poetas o llegas a una ciudad donde alguien ha levantado un pequeño escenario para compartir la palabra, quizá estés encontrando una de las muchas huellas de este viaje.
Un viaje que comenzó entre chilangos y andaluces y que hoy pertenece a muchas más personas.
Porque los puentes no se construyen para quedarse en ellos, sino para que otros puedan cruzarlos.
Desde alguna orilla del mundo,
Plataforma PLACA
Editorial Ultramarina Cartonera & Digital
2006–2026. Veinte años creando puentes.
