Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Agustín Calvo Galán y el Día de las Librerías

Que las librerías son los templos de la cultura es algo que todos los amantes del papel impreso y la literatura hemos sentido a menudo.

La Central del Raval no es la abigarrada Shekaspeare and Co. de París, ni la bellísima Lello e Irmão de Oporto, ni la inmensa y teatral El Ateneo de Buenos Aires, pero sí es un templo, o al menos lo fue en su sentido religioso y ahora lo es en su sentido laico y cultural; un templo literario en el corazón de Barcelona, en el no menos literario barrio del Raval, muy cerca de algunos de los grandes centros culturales y artísticos de la ciudad como el MACBA, el CCCB, el FAD y, también, muy cerca de una de esas arterias simbólicas, pero también una de las más desdibujadas por el turismo masivo, como son las Ramblas.

Si entramos por la puerta principal, situada en la calle Elisabets, la Central del Raval nos acoge, con su crujiente y hogareño suelo de madera, en el interior del templo. La antigua capilla de la Misericordia fue ya antes de La Central del Raval, otra librería (La llar del Llibre). Su gran sala central está ahora dividida en dos pisos, por lo que la impresión de estar en una capilla no resulta evidente a primer golpe de vista; pero si subimos a su segunda planta (donde se encuentra la sección de Ciencias Sociales) podremos apreciar sin problemas el alzado de la nave y la bóveda de la capilla. No obstante, la Central del Raval ha ido ampliándose con el tiempo, desde la nave o capilla originaria, en recovecos y pasillos interiores, abriendo nuevos espacios hasta llegar a su segunda entrada, en la calle Ramelleres.

Uno se da cuenta de que la Central del Raval es una librería con vocación literaria en cuanto ve la organización de las secciones. De entrada, en el primer nivel de la nave de la capilla, en el gran espacio central, se constata su gran devoción por la buena literatura, en ella tanto la narrativa en castellano como en catalán están muy bien representadas; pero una de las características que hacen de la Central del Raval una librería especial es la importancia que da a la literatura en lenguas extranjeras, no sólo en los libros vertidos a nuestras lenguas propias, sino también en los libros en su versión original. Sin duda, la librería cuenta con un público extranjero, residente en la ciudad, que busca las novedades de sus diferentes lenguas maternas, pero también atrae al políglota nacional (que los hay, contra la opinión generalizada) que prefiere adelantarse y conseguir las novedades de su autor extranjero preferido en su lengua originaria.

Pasando un umbral, y alejándonos de la capilla, en uno de los pasillos interiores (tal vez la antigua rectoría, donde el párroco guardaba las hostias y las casullas) encontramos otras secciones, como la de viajes, una invitación fascinante que va desde la narrativa de viajes hasta las guías turísticas. Más allá, la sección de poesía, con su mesa de novedades, donde también la poesía en lenguas extranjeras tiene su presencia. No obstante, la variedad y amplitud de las sugerencias nacionales hacen de esta sección un lugar para los amantes de sabores minoritarios; y con Tranströmer, el último Nobel, como buque insignia, podremos adentrarnos en otras brumas nórdicas, más allá deLarssons and others.

Junto a la poesía, nos podemos entretener en la sección de las artes: visuales, plásticas, escénicas, etc. –tal vez algo ensombrecida por la cercanía de la librería hermana de la Central del MACBA, especializada, como no podía ser de otra manera, en temas artísticos-. Bajo esta sala se encuentra una cripta, un lugar mágico y telúrico en el subsuelo de la librería, donde los aficionados a la rabiosa actualidad literaria podrán asistir a mil y una presentaciones de libros y revistas. Y ya hacia el final de nuestro recorrido, acercándonos a la otra entrada a la librería, la sección infantil nos abre un sinfín de propuestas coloristas y divertidas que nos hacen añorar el aprendizaje intuitivo, divertido y balbuceante de las letras.

La Central del Raval está oficiada, en la actualidad, por un pequeño ejército de personas especializadas en las diferentes secciones que la componen, sólo así se puede conseguir un servicio impecable y una profesionalidad muy apreciada por el amante de la buena literatura. Decir que una librería trata bien a los libros podría parecer una obviedad, pero no lo es en los tiempos que corren, con tanto mercadeo y gran superficie sin oficio. Por eso me reafirmo: en la Central del Raval los libros son tratados con absoluto respeto, diría que con fe por encontrarnos en una capilla. Se agradece que sus responsables consigan evitar los cantos de sirena de la publicidad hueca y avasalladora de las grandes editoriales, y ofrezcan al visitante el criterio de su propia experiencia, realizando recomendaciones siempre sugerentes y cargadas de sentido; y, además, dando oportunidades también a las pequeñas, sufridas y arriesgadas editoriales para mantener un espacio donde poder respirar y ser visibles.

En esta ocasión tampoco me iré sin comprar un par de libros y sin despedirme con una breve oración que contribuya al sustento espiritual de la librería.

*Mi agradecimiento a Nacho Borraz y a Joan Flores por acompañarme, tan amablemente, en este recorrido.

Agustín Calvo Galán

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