Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Juan Villoro publica Novela Gráfica. La queremos!. Vía Elinformador.com.mx

La calavera de cristal es su primera incursión en el género y la hace al alimón con BEF

GUADALAJARA, JALISCO (14/DIC/2011).- Tráfico de piezas arqueológicas, míticas ciudades prehispánicas como Paquimé y Yaxchilán, héroes, villanos, científicos locos; búsqueda de tesoros y aventuras de un adolescente que quiere saber de dónde viene y saber de la misteriosa muerte de su padre, son los ingredientes de la novela gráfica La calavera de cristal.

La historia escrita por Juan Villoro e ilustrada por Bernardo Fernández BEF, es una suerte de combinación de Indiana Jones y Civilización, una épica protagonizada por Gus, que por vez primera reúne el talento de estos dos creadores.

Ese adolescente descubre su pasado y descubre el pasado de México acompañado de su amigo Máquina, su tío Felipe, El gordo Bernabé y se topa personajes como Jerónimo El Reptil Rodero, Venus de Venegas, un rico empresario coleccionista de dulces exóticos y de piezas arqueológicas, la hermosa Circe, Xipe Totec, quien es conserje del Museo de Antropología, el sacerdote corrupto Mano Santa y Roberto Bob Boby, campeón regional de tiro y veloz corredor de autos.

En entrevista, vía correo electrónico desde Estados Unidos donde actualmente radica, Juan Villoro relata los orígenes de esta novela gráfica publicada por Sexto Piso.

— ¿Por qué hablar en una novela gráfica de grandes civilizaciones, tesoros, tráfico de arte prehispánico, corrupción, ambición y las vicisitudes de un adolescente?

— La calavera de cristal parte del conflicto de un adolescente. Su padre murió cuando él tenía 4 años y ahora tiene 14. Es el momento en que enfrenta un rito de paso rumbo a la adolescencia y quiere saber de dónde viene. Su papá murió en circunstancias misteriosas, como piloto en un sitio arqueológico.

Al buscar su origen, Gus encuentra el origen de su país. Esto lo lleva a la arqueología, a las distintas culturas, al problema de conservar el arte y a vivir muchas otras peripecias. De manera sencilla y divertida, quise plantear temas esenciales de la idea de pertenencia.

— ¿Hay un afán de mostrarles a los jóvenes el México real?

— No quisiera que el texto fuera un plomazo pedagógico para los jóvenes, pero sí me interesa que reflexionen sobre la forma en que el pasado constituye su vida y la importancia de preservar el patrimonio. Por eso aparecen contrabandistas, fetichistas, coleccionistas ambiciosos, que representan distintas amenazas para el arte. México ha sido tierra de saqueos y vale la pena cuidar nuestras piezas.

— ¿Es voluntario el humor de desacralizar la historia?

— El cómic es un género disparatado y allí no hay nada más natural que ser excesivo, eso me atrae del género. Por lo tanto, al hablar de cualquier cosa se incurre en lo caricaturesco. Lo importante es que eso haga pensar y, si es posible, también haga reír.

— ¿Cómo fue el nacimiento del guión con Nicolás Echevarría?

— En 1992 Nicolás recibió el ofrecimiento de hacer una serie de televisión sobre el pasado mexicano. Eran los tiempos del V Centenario, la exposición de México en el Museo Metropolitan de Nueva York había tenido mucho éxito y Anthony Quinn quería filmar en su país de origen. Todo eso llevó a hacer una serie que era mezcla de Civilización e Indiana Jones. Luego hicimos un guión de cine, que tuvo apoyos pero también resultó incosteable. Sin embargo, desde el principio le comenté a Nicolás que los personajes me gustaban para comic. Hay una zona de la narrativa en la que todo se desborda y sólo puede ser verosímil en una historieta como La calavera de cristal.

— ¿Hay homenajes a los mayas, al cine y a las novelas de aventuras?

— Siempre me han apasionado las historias de descubridores; por ejemplo Capitán Hatteras de Julio Verne. Cuando escribí mi libro de viajes por Yucatán, Palmeras de la brisa rápida, tenía muy presentes las crónicas de John Lloyd Stevens, que hizo exploraciones arqueológicas y descubrió grutas y cenotes. La calavera tiene que ver con esa épica. Aquí, el protagonista es un niño que no se siente explorador; lo único que desea saber es quién fue su padre. La aventura es para él una forma de la herencia.

— ¿Crítica a los traficantes de arte?

— México ha sido botín de toda clase de especuladores. Un norteamericano compró la hacienda de Chichén Itzá en una bicoca y se llevó las joyas que salieron del cenote. Hay maravillosas piezas prehispánicas en Berlín, Austria y Londres. La belleza y el dinero pueden causar delirios. Es uno de los temas de La calavera.

— ¿Cómo fue el trabajo con BEF?

— BEF es un escritor que conoce mucho de tramas y estructuras. Al mismo tiempo, es un dibujante espléndido que puede materializar las visiones de otro autor.

— ¿Gus está inspirado en los adolescentes mexicanos?

— Me interesaba tener a un muchacho con el que se puede identificar cualquier joven. En cambio, su amigo Máquina es un cerebrito.

— ¿No te cuesta ningún trabajo hablarle a los adolescentes?

— La calavera de cristal está escrita en su propio idioma. Hay juegos de palabras y expresiones locas, como las que yo aprecio en Asterix, Tin-Tin o Los Supersabios. No trato de reflejar el habla actual de los jóvenes sino invitarlos a que compartan el habla de una fauna un poco rara de personajes.

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