Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

“Invitación al lago”, de José Manuel Camacho

Un primer libro de poesía puede llegar a ser más una trampa que una prueba de fuego. No es el caso del que acaba de publicar José Manuel Camacho con el título Invitación al lago; y no lo es porque nos encontramos ante una obra rematada, ante un perfecto salto al vacío -sin red- que el autor onubense realiza con la contención que en otros poetas sólo se da con los años y las muchas caídas. José Manuel define desde el principio su viaje poético, y el segundo de los poemas ya dice:

Luce una ventana entreabierta al principio de la noche.

Profundo se promete lo íntimo.

En la primera parte del libro, titulada “Cintas al aire”, se nos abre una ventana con una visión del exterior, una visión nocturna del paisaje. El poeta se enfrenta ante la oscuridad del exterior como ante un espejo y ve, en realidad, su interior. El paisaje se convierte así, en esta Invitación al lago, en una exploración hacia uno mismo y también en una manera de atarse al mundo material como único conocimiento posible de la realidad. Además, sólo ante el paisaje el hombre se encuentra consigo mismo como ser individual, ello se contrapone a la idea de ciudad, donde el hombre vive en medio de los excesos y de la colectividad alienante; así lo expresa, por ejemplo, en el poema titulado “A una voz malograda”:

Escapabas.

La ciudad de los hombres

fue siempre lugar en demasía.

Los poemas se despojan, en esta parte inicial, de cualquier accesorio que pudiera desviar nuestra atención de la esencia contemplativa del discurso mismo.

En la segunda parte, titulada “Muchachas, parasoles”, la presencia del ser amado transforma la visión del poeta, y de la soledad contemplativa inicial se pasa a la comprensión de los anhelos y, desde un cierto surrealismo de lo líquido, convierte al amor en intensidad vivencial, intensidad sin efectismo alguno, intensidad materializada en el hecho mismo de la creación. Así en el poema titulado “Vida plena” uno de los versos dice:

Escribir para ejercer todavía un gesto ex nihilo, (…)

rente a las incertidumbres en la que habitamos, el poeta alza su escritura como materialización de un Golem que irrumpe como solución a la oscuridad circundante. Los poemas, en esta segunda parte, traen una carga formal más fuerte e, incluso, dibujan una sintaxis que extraña y sobrecoge, o se adornan de recursos fonéticos:

El sol asoma suave y yo sonrío:

Secreto sabe el sino de mi mano sola.

O de una cierta sinestesia:

Sus ojos estaban maduros para la carne.

En la última parte, titulada “Ánades”, la prosa introduce narratividad en el discurso poético y el poeta asciende de sí mismo y sobrevuela su propia existencia, desde un tono elegíaco y trascendental, hasta su propia muerte y, al fin, su reencuentro con el paisaje no como imagen del mundo sino como, al modo de la tradición hinduista del Velo de maya, velada ocultación de la realidad misma, de la verdadera naturaleza de nuestra existencia.

Es así como esta Invitación al lago se crea página a página, -perfectamente conjugados forma y fondo-, en una sólida incertidumbre no sólo sobre la creación en sí, sino también a propósito de la fragilidad de la existencia, especialmente cuando el ser humano duda y se enfrenta a las paradojas de la percepción. La imagen del lago, -frente a la imagen del mar (que no refleja), o a la del río (que transcurre)-, con sus aguas tranquilas y delimitadas, nos atrae: por un lado porque refleja un pedazo de cielo al que podemos acceder y, por otro lado, esa misma imagen nos oculta la verdadera identidad del lago, su fondo incierto y desconocido que nada tiene que ver con el cielo y que, tal vez, incluso sea su contrario. Invitación al lagoes poesía esencial, poesía consciente, poesía hecha con entrañas y no con veleidades, poesía arriesgada en su desnudez del desconcierto, poesía de complejidad mínima ante la inmensidad de nuestra propia ignorancia, poesía joven de una honda madurez.

Por último, cabe destacar la labor que está realizando la editorial sevillana Isla de Siltolá, en cuya colección “Vela de gavia” ha aparecido el presente libro, no sólo por las cuidadas ediciones, sino también por el amplio catálogo de poetas contemporáneos españoles que está consiguiendo reunir.

Lee el artículo integro aquí

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