Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Alberto Chimal, el cartógrafo de Internet. Por Ernesto Aroche Aguilar

Imaginemos una mañana cualquiera de Alberto Chimal. Tras la rutina del despertar toma su iPhone (o enciende su computadora), entra a su cuenta de Twitter: @albertochimal, da los buenos días a sus 47 mil 248 seguidores, revisa algunas de las ligas que ha cazado al vuelo de entre los 413 tuiteros a los que él sigue y comienza su viaje. Hoy, como todos los días, dejará un fragmento del mapa de Internet, de una ruta trazada en mensajes de 140 caracteres que lo mismo incluye una recopilación de cuentos de Henry James a propósito del 96 aniversario de su muerte, que un alfabeto ilustrado de ocupaciones antiguas, o un sitio para descargarse Rayuela.

Y en ese cartografiar, en pequeñas dosis, el universo borgiano del mundo en línea, también se da tiempo de delinear y ficcionar los recorridos, también en 140 caracteres, de El viajero del tiempo, ese hombre que se autoheredó del inglés Hebert George Welles y que Chimal puso a navegar en las olas dimensionales del ayer y el mañana, e incluso del instante antes y el que viene después.

Aunque más que “curador de Internet” –esa suerte de seleccionador de contenidos, de twitt jockey— como lo llamó el escritor José Luis Zárate en la presentación de su libro El viajero del tiempo que se llevó a cabo en esta ciudad, Chimal se asume más como un constructor de “cámaras de maravillas”, de esas “colecciones caóticas como las que había en la edad media o el renacimiento, cuya idea no era tanto dar una lección sino provocar el asombro: acá el esqueleto de la sirena, acá el mapa estelar, acá la daga con rubís en el pomo, etcétera. Y lo que trabajo en Twitter, estas cosas pequeñitas que voy sacando son como una cámara de maravillas en marcha, en construcción constante. Lo que me va interesando lo pongo porque quiero compartir ese asombro, ese agrado o ese susto también”.

Tras la presentación de su libro, que inició con un poco de retraso pues el autor se quedó atorado en la ciudad en alguna de las múltiples obras viales morenovallistas que tienen desquiciado al tránsito, Alberto Chimal conversó con Lado B sobre su nuevo libro, sobre Twitter, la literatura y el tiempo, sobre su cartografía en fragmentos, entre otras cosas.

Esta es la charla.

***

Tenemos un viajero del tiempo que recorre y brinca de personajes, va por épocas lejanas e incluso realidades alternas pero nace en algo efímero como Twitter, ¿cómo pasa esto? ¿cómo se conjuntan?

No hubo un esfuerzo consciente por conjuntarlas. Sucedió. Aunque también lo podríamos ver al contrario, lo que ocurre en un libro es una promesa de algo que pudiera fijarse, quedarse más allá de su primera aparición. En cambio las redes y la literatura en Twitter es efímero, es para desaparecer y ser reemplazado por otra cosa.

Lo que me gustaría es que un libro como éste sirviera para jugar o reflexionar sobre lo que es permanente y lo que no lo es, sobre lo que queda fijo y lo que se va.

El escribir historias sobre este concepto imposible de los viajes en el tiempo tiene que ver con el poner por delante esta reflexión, este juego con la idea de la memoria, de la imaginación, de la esperanza o el miedo con el cual imaginamos el futuro. Todo eso tiene que ver con nuestra apreciación del tiempo, de lo que es efímero y lo que es permanente. Y todo eso es un gran tema de la literatura.

Son viajes en 140 caracteres…

Siempre me ha gusta la minificción, y siempre me ha gustado también esta idea de jugar con series de minificciones, crear mundo muy complejos a partir de fragmentos muy pequeños. Pienso en ejemplos de esto, La Feria de Arreola, o un autor que es muy querido, Mario Levrero que escribió muchos textos así, minificciones entrelazadas que son de lo más extraño y lo más imaginativo que hay en la literatura escrita en español.

Y esta red se presta muy bien para construir esta clase de cosas que se pueden ir ensamblando, entrelazando, interrelacionando en el tiempo.

Creo que cualquier medio puede ofrecer diferentes posibilidades creativas que puede ser propicias o no para ciertas personas, pero siempre habrá personas que encuentre en un blog o en Facebook, ese estímulo creativo que no podría encontrar en otro lado para contar historias y escribir textos que no se podrían leer en otro lado.

Una de las ventajas que tenemos en este periodo, con la llegada de tecnología digital y el libro electrónico, de estas tecnologías que están cambiándolo todo, es un poco como que todavía no está fijo, como en cambio sí lo está, desde hace siglos, en el mundo impreso, qué es lo que se puede decir, cómo se puede decir, cuáles son los medios de producirlo, de distribuirlo. Ahorita todos estos medios digitales están en formación, probablemente ni Twitter ni Facebook estén para siempre, de la misma manera que no estuvieron muchos otros en los últimos 15 o 20 años, estos servicios que decían que lo iban a cambiar todo y para siempre, estos puntocom de antaño. Probablemente eso pase también con las redes sociales y lo que quede sea a largo plazo, pero las tecnologías, al margen de sus marcas, están haciendo cambios radicales en la forma en que nos relacionamos con los demás, con el mundo, con el lenguaje.

Estás trabajando una novela que te llevó siete años, a la par trabajas libros con una lógica de 140 caracteres, pienso en 83 novelas y El viajero del tiempo, vas de una lógica a otra y regresas…

Cada historia, cada proyecto pide su forma. Hay cosas que se tienen que contar en 140 caracteres. Hay otras que no se pueden contar en un espacio así, que se tienen que contar de otra manera, se tienen que desarrollar y complicar a lo largo de 700 páginas o lo que sea.

Pero no es tan difícil pasar de un proyecto a otro, es más bien tratar de acostumbrarse al ritmo de trabajo, al ritmo de escritura, revisión. En los últimos años he estado yendo y viniendo a ella durante mucho tiempo, los últimos 3 o 4 libros que he escrito han estado alrededor de esa novela, ese ha sido mi trabajo principal en los últimos años, como una especie de corriente principal que no se ha visto porque no estaba lista, lo demás era cosa que estaba alrededor como tributarios, como proyectos aledaños con los cuales podía seguir avanzando.

Creo que ahora va a ser más arduo estar escribiendo y no regresar a eso que tenía antes, porque ya está hecho, acostumbrarse a que ya terminó.

Hace poco en una exposición en el museo Amparo se proyectaban algunos twitts de Jodorowsky, este libro nace de cuentos que nacieron de una cuenta en Twitter, cómo ves esta forma de minificciones que se niegan a quedarse sólo en Internet.

El hecho de que en muchos casos se trate de llegar al papel puede ser una reacción un poco visceral de creer que la red no es suficiente, y en muchos casos es así, y se busca la validación tradicional. Incluso, personas que son relativamente populares en Twitter la defienden también, aún cuando lo que ocurre no es un traspaso tal cual, se trata de una adaptación, de una trasposición. Lo que se produce en la red jamás podrá pasar cabalmente al libro, tenemos una versión, una imagen parcial de lo que implica leer en línea.

Si existe un libro como éste es porque creo que las dos experiencias no son enemigas, pueden ser complementarias, incluso personas que ya conocían lo que se publicó inicialmente en Twitter se consiguieron el libro, y que yo sepa lo han disfrutado, porque la experiencia de lectura es distinta. La experiencia de tener el libro en la mano, para las personas que todavía tienen el fetiche del libro, no puede ser suplida por la lectura en internet, ni viceversa. Y eso luego se olvida, que así como el libro no puede ser sustituido, tampoco la red para aquellos que la frecuentan y les gusta, son experiencias distintas de relación, de comunicación de interacción con el lenguaje.

Yo nací en el siglo XX, todavía tengo el fetiche de la palabra impresa y me parece muy satisfactorio complementar una cosa con la otra.

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