Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Ladrón de dinosaurios, una reseña. Por el blog ‘Borchácalas’ cc @soyuribares

Hace poco fue el Vive Libro 2012. Como siempre, hubo un intercambio ñoño de libros y las expectativas sobre qué irá uno a recibir y qué irá uno a dar. Nunca falta esa sensación de si uno irá a regalar acorde con lo que le han dado. Es algo parecido a una justicia de lectura, un equilibro en las letras. Así que mientras yo estaba regalando un par de libros, que di a alguien a quién no me correspondía darle pues quién sí era la receptora verídica de mis compras había decidido faltar al evento -¡oh, congoja y desastre!-, yo recibía de Evelia dos libritos. Uno llamado La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa de Robert Darnton y Ladrón de dinosaurios de Eric Uribares.

He de decir que normalmente soy renuente a los escritores contemporáneos. Desconfío porque ya he leído demasiado sobre gente tirada en un departamento, sola y borracha. O con compañía, borrachos. O teniendo sexo decadente borrachos. O tirados en la acera borrachos. O sufriendo por un amor que nunca cuentan ni cómo fue mientras están borrachos. O de la decadencia del mundo y el gran vacío que nos ha dejado esta sociedad neoliberal posmoderna donde ya nada vale y siempre nos vemos engullidos por el consumismo y del alcohol borracho. O una mezcla de los anteriores. Sin embargo, leer el Ladrón de dinosaurios de Uribares me supo bien y no va de nada de lo anterior. 

El libro consta de diez cuentos. Entre ellos, uno puede encontrar taras que los escritores tienen, la vida que gira alrededor de ellos, el impacto que tienen sus excentricidades entre los que los rodean. Las historias, sin embargo, no deben pensarse como una manera de mostrar superioridad intelectual por parte del autor. Si bien muchos cuentos hablan sobre escritores famosos o personalidades públicas, los cuentos funcionan incluso si les cambiásemos el nombre a Rulfo o a Monterroso. La historia sólo los utiliza como manera de encanto, de un guiño hacia el lector. Lo importante no es esa personalidad, sino la historia que está girando alrededor suyo, de aquellos que lo rodean.

Sí, nos muestra de cierto modo una faceta que los escritores muchas veces no quieren contar. No nos quieren contar que su gran inspiración viene de un ser insignificante, o que “un par de pezones inspiran pero desconcentran”, o que a veces simplemente uno se ve tan envuelto en su trabajo que compara las estrías de su mujer candente con el texto que empieza como una novela y termina siendo un cuento muy corto. Nos muestra esa parte que el escritor roba las historias, como cuenta en Ladrón de dinosaurios, pero que la historia es de quién la trabaja.

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