Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Los extraviadores, por Eric Uribares @soyuribares.

Los extraviadores

Por Eric Uribares  |  Lunes 23, Julio 2012  |  00:01 hrs.

A menudo olvido objetos en los sitios a los que voy. Tengo una buena colección de pertenencias abandonada en las casas de mis amigos y en menor número, aunque las hay, en los restoranes, cines y demás sitios públicos.

Extraviar un libro es algo especial. Más, si al momento de la desgracia nos encontrábamos en plena y gozosa lectura. Algo importante se nos escapa de pronto, algo o alguien con quien habíamos generado un íntimo pacto, con el que habíamos emprendido una aventura. Las páginas que nosotros leímos (o estábamos por leer) adquirirán una vida distinta a la que tenían bajo el regazo de nuestra mirada.

Toda pérdida implica un hallazgo, todo extravío propicia un encuentro. El libro que la distracción nos arrebató,  la buenaventura regalará a otro que, con un poco de suerte, le dará cobijo inmediato en las horas de desvelo o en los tiempos muertos. Siempre que extravío un libro pienso en el afortunado que se topará con él.

Encontrarse un libro es algo más especial que extraviarlo. Cualquier objeto abandonado a su destino encuentra dueño de inmediato. No así los libros. Pueden pasar horas completas en el gabinete del algún restorán sin que alguien repare en ellos, o sin que alguien se “tome la molestia” de hacerle un sitio en su portafolios o bolsa de víveres.

Un día supe de gente que abandona libros a propósito,  que los olvida en las bancas del parque o en el transporte público sin otra intención que la de provocar su lectura entre quienes dicte el azar. “Los extraviadores” son como una secta poseedora de mensajes fundacionales  cuyas estrategias de difusión resultan efectivas en cuanto sugerentes y agradables.

extraviado

Yo conozco a dos extraviadoras ( @lizita_ y@baronesarampant) pero sé que hay más. Que hay gente por ahí, perdiendo libros con dedicatorias anónimas o mensajes  esperanzados o deseos cifrados entre sus páginas.  En el fondo se trata de compartir, de invitar mediante el extravío, a extraviarse uno mismo.

Alguna vez soñé que había una estación del metro en la que todos olvidaban cosas. Pienso ahora en que ya nos tardamos, nosotros, los usuarios del metro, en hacer de alguna estación el punto de encuentro para intercambiar libros, cualquier día, a cualquier hora.

Tómese esto como una provocación.

Extraído de: http://www.proyecto40.com/?p=6311

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