Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Juan Villoro pide a la FIL explicar por qué premió al autor de 16 plagios

La polémica generada por la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances va más allá del plagio cometido por Alfredo Bryce Echenique. “El Premio FIL ya pasó por un escándalo cuando tuvo que cambiar de nombre. Es triste que el jurado no haya protegido esa iniciativa. Ahora está obligado a responder por qué el plagio reconocido e incluso sancionado no empaña una obra”, comenta Juan Villoro a La Razón.

Los 16 plagios periodísticos del autor peruano no pasaron inadvertidos. Hace unos meses el caso Sealtiel Alatriste alertó a los creadores sobre los jurados de premios literarios que omiten actividades antiéticas de los galardonados.

“Aprecio a Bryce Echenique como persona y como autor. Es obvio que cometió un error al publicar como suyos textos ajenos. El plagio deshonra la profesión. Todos los autores cometemos errores, citamos en falso y nos apropiamos de pasajes o estilos de otros. Nadie está libre de influencias ni fallos. Pero el plagio deliberado estafa al lector. Llama la atención que el jurado del Premio FIL no tomara esto en cuenta al premiar a Bryce Echenique.

“Apenas unos meses antes pasamos por el escándalo de los plagios de Sealtiel Alatriste, quien tuvo que renunciar a la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y al Premio Villaurrutia. Fue una situación dolorosa pero se resolvió bien y en esa medida se podría pensar que tiene menos responsabilidad al copiar. Además, sus mejores libros (Un mundo para Julius o La vida exagerada de Martín Romaña) no son producto del plagio. Con todo, faltó a la ética”, expresa el ganador del Premio José Donoso.

A su vez el escritor y periodista René Avilés Fabila recalca que “México es el paraíso de los plagiarios”, pues el incidente de Sealtiel Alatriste sumado al caso Bryce Echenique pone en duda a las instituciones culturales, ya que “la culpa es del jurado que lo premió conociendo su reputación. Eso indica que hay mafias culturales y que suelen ser solidarias entre sí: un favor concedido significa uno recibido”, sentencia.

Sin embargo, otros autores reconocen que el premio se enfoca en la trayectoria literaria y no en la obra periodística acusada de plagio. Alberto Chimal comenta que a pesar de que “no habría sido mi primera opción para el Premio FIL… su elección no es una deshonra para el Premio —pues— lo que vale es su obra narrativa”.

Pero el problema tiene un significado mayor, de acuerdo con Avilés Fabila: “Los jurados no son tontos, sólo cínicos y oportunistas. La FIL y el Conaculta son los principales responsables. Desde entonces sólo silencio de quienes dieron un fallo escandaloso y reprobable”.

Por último el columnista lanza la pregunta: ¿Vendrá Bryce Echenique a Guadalajara para que Padilla le dé el jugoso cheque o se enfermará y algún amigo lo recogerá? La respuesta tal vez llegue el 24 de noviembre en Guadalajara.

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