Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

Villoro, Jaco y Reed (Entre Peces Musicales y Paraísos Artificiales)

Extraído de: http://www.sexenio.com.mx/columna.php?id=4459

Por: Alejandra Gómez Macchia

El pasado jueves, Juan Villoro estuvo en Puebla dando una conferencia sobre sus últimos tres libros: “¿Hay vida en la tierra?” (Almadía), “La calavera de cristal” (Sexto Piso) y “Arrecife” (Anagrama).

Me enteré de su charla, como se entera uno de todas las cosas actualmente: por Facebook.

Esa mañana decidí apresurar todos mis pendientes para  poder llegar, mínimo,  con una media hora de anticipación para, aprovechando el viaje, comprar algunos libros en el lugar donde sería el evento: Profética.

De dos años a la fecha he asistido a varias presentaciones de libros en el famoso patio de la librería y no me había tocado ver a tanta gente como en este caso. Fui, por ejemplo, a cumplir con una nota sobre la presentación de  la novelita sosa que escribió la mujer del “Peje”, en la que medio patio estaba atento a los comentarios de los presentadores y la autora, mientras la otra mitad bebía con singular alegría un mezcal orgánico que, debo decirlo, no está nada mal.

En otra ocasión vino Julián Herbert a presentar su bellísima “Canción de Tumba”. Ahí sí, todos estaban atentos  escuchando al poeta y sus presentadores, que  a decir verdad, dejaron mucho que desear con sus comentarios, pero ese ya fue problema del dueño de la librería que muchas veces escoge al “detínmarín” a la gente que presenta.

El caso es que al llegar a la librería, me topé con que ya no había un solo lugar para sentarse. Y tanto los pasillos como la parte superior de la casona estaba reventando de gente que quería escuchar  ¿qué traía Villoro?

Por fortuna esta no fue una presentación  en la que los eternos  intelectuales provincianos fungieran como árbitros de la obra de un hombre que, haciendo gala de su impecable redacción mental, no necesita más que estar él y su botella de agua en la mesa central.

Debo confesar que poco conocía de Villoro hasta ese momento. Incluso unas horas antes de salir para el centro, un aguafiestas espetó con supina pedantería que ¿a qué iba a escuchar a Villoro si mis lecturas andaban en otras coordenadas?  “Precisamente”, contesté. “Voy a conocer a Villoro, ¿tú gustas? Y me contestó que no. Que Villoro últimamente le daba un poco de flojera y que prefería ver alguna serie gringa del HBO. “Ok. Pues de regreso te cuento”… Al final el intrigoso terminó por alcanzarme en el lugar del evento.

Una vez instalada en el pasillo derecho del patio, intenté sacar notas de lo que el autor explicaba sobre sus libros. Poco pude hacer, pues la verdad estaba tan absorta con su capacidad de monologar, que preferí poner atención y escuchar sus anécdotas llenas de humor e ironía; como el hecho de comparar la pesada espera en un trámite burocrático con un carnaval hermético y medieval, o, que hacer un libro de cómics en México puede ser equivalente al preámbulo de un suicidio. Curiosamente, “La Calavera de Cristal” está editada por Sexto Piso (medida inequívoca de la cual uno se puede aventar con la certeza de perder la vida en el costalazo).

Luego de una hora en la que evocara, por ejemplo, su admiración a Jorge Ibargüengoitia, Gabriel Vargas, Novo, etc. Y de hacer múltiples guiños al rock, Villoro dio chance a los presentes de preguntarle sus inquietudes. Ya sabrán: la mayor parte de las preguntas eran redundantes y obvias; pasando por el típico viejito que se viaja al preguntar, da un rodeo y nunca llega, hasta el poeta local que quiso ponerlo en jaque y nomás no pudo.

El autor contestó todas las preguntas que, aunque solían repetir el contexto, se perdonaban por el hecho benevolente de que, por lo menos unos cuantos poblanos, leen o se están en el intento.

De los tres libros  presentados el que más me llamó la atención, y terminé por comprarlo, fue “Arrecife”. Aunque  “¿Hay vida en la tierra?” Se me antojaba por ser un compendio  de crónicas.

Este fin de semana me dispuse a leer la novela cuya trama transcurre en la Riviera Maya. De alguna manera ese fue el primer gancho que jaló mis hilos ya que viví en ese lugar un año y también me tiré, como uno de sus personajes, a una serie de paraísos artificiales que se ofertan en esos lares como si fueran cocos.

Ahora llego al tema toral de mi columna: la pasión por el rock de Juan Villoro.

Y antes de continuar, debo agradecerle a “Sus Satánicas Majestades” (o a  otra deidad rocanrolera) que los comentarios nefastos que recibí antes de la presentación, no mermaron las ganas de ir a conocer al escritor.

Supongo que los verdaderos motivos de la agresión hacia mi inocente personita tenían una connotación más bien territorial. Pero…

a) No le guiñé el ojo (si ese era su principal temor).

b) No me invitó a cenar (supongo que porque no me vio bien entre el tumulto).

c) No me abalancé sobre él  como aspirante a grupi (porque no es mi estilo. Ellos me buscan solos).

Ay, el rock…

Una de las más grandes aficiones que tengo. La que me ha abierto camino a cosas más interesantes.

En “Arrecife”, Juan Villoro termina por enredarme en la trama gracias a dos personajes, que si bien no son los principales, son una pieza indispensable para mantener en suspenso a cualquier  “bleeding heart” del buen rock.

Uno es Jaco Pastorius: el chingón de Weather Report. Ya una vez le dediqué una columna entera a este mago del “electric bass”. Creo que la titulé “El bajo más ebrio del mundo”. A quien  conocí, por cierto, hace más de una década en el disco “Hejira” de la gran  Joni Mitchell.

El otro rockero inolvidable es Lou Reed.

Dentro de la novela, Tony (el personaje principal) narra entre su confusión una anécdota llena de contrastes sobre el líder de Velvet Underground.

“Había recibido la mejor noticia de mi vida: Velvet Underground, estaría en México y seríamos nosotros (Los Extraditables), el grupo abridor”.

Concluyendo:

Si alguien que se tope con este artículo es un apasionado de Jaco Pastorius o de Lou Reed, lea “Arrecife” de Juan Villoro.

También si usted, ¡oh, mustio lector!, ha estado inmerso en el deplorable ambiente turístico de  Cancún, Playa del Carmen o la Riviera Maya, en “Arrecife” encontrará un retrato bastante nítido de lo que aquel mundillo místico- sintético, ofrece a las pobres almas que buscan peligro en el placer.

 

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