Vinculación de dos mundos. Nuevos caminos editoriales.

De Avándaro al Vive Latino. Vía Excelsior

La libertad de la que hoy gozan los festivales de música en México fue ganada con base en experiencias no siempre agradables.

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de enero.- Hoy día es común escuchar que año con año nombres de bandas internacionales como Portishead, Pixies, Jane’s Addiction, Interpol o The Strokes, a la par de agrupaciones de la talla de Caifanes, Los Fabulosos Cadillacs, Zoé, Café Tacvba o Molotov, engalanan los carteles de los festivales que se realizan en México, en donde con un sermón cargado de música se comparte la esencia del rock con miles de feligreses que se dan cita en cada uno de estos eventos.

Vive Latino, Corona Music Fest, Rockarga, Música por la Tierra, Manifest y Corona Capital, así como los ya inactivos Motorokr y Zero Fest, son nombres de festivales que se han convertido en parte de la memoria colectiva del público mexicano, que cada año no repara en gastar cientos -o hasta miles de pesos- en los boletos de entrada.

“Agradezco que haya masivos y que venga Portishead, eso era inimaginable en mis años de chavos, o que viniera Jethro Tull o The Who. Quizá la parte buena es esta posibilidad de disfrutar como es el rock en vivo”, dice Armando Vega Gil, mejor conocido como El Cucurrucucú, bajista de Botellita de Jerez.

La venta de localidades con meses de anticipación, la promoción por parte de las bandas participantes, los accesos indicados con claridad en las sedes, mismos que concuerdan con lo impreso en los boletos, el despliegue de elementos de seguridad que se encargan de hacer revisiones a la entrada de los eventos, así como una buena organización de horarios y espacios hoy es una práctica común para el público, sin embargo no siempre fue así.

Después de algunos primeros conciertos masivos de rock el gran parte aguas llegó el 11 y 12 de septiembre de 1971 con el Festival de Rock y Ruedas que se llevó a cabo en Avándaro, Valle de Bravo, en el que una carrera de automóviles la mañana del domingo -misma que nunca se realizó- sería precedida por poco más de 12 horas de rock a cargo de 16 bandas.

“Avándaro fue el climax del hippismo en México. Los hippies mexicanos vivimos el éxtasis del hippismo con la convivencia entre la naturaleza y la música. Llegamos el viernes en la noche y la tocada estaba anunciada para el sábado en la noche para acabar el domingo a las 8 de la mañana y que a esa hora empezaran las carreras en el circuito Avándaro, pero no hubo carreras porque fueron casi 500 mil personas y había gente acampada en donde iba a pasar los coches.

“Hay quien dice que fueron 250 mil personas, no es cierto, fueron como 500 mil, de la parte de arriba del templete del escenario, como cuando estás junto al mar o una peña y alcanzas a ver como la tierra es redonda, así se veía pero de gente, no hubo carreras. Al otro día salió en el periódico, con letras grandes, no traía foto, y decía ‘No hubo carrera de coches, fue de motos’ (risas)”, recuerda Alex Lora, vocalista de Three Souls In My Mind, hoy El Tri.

De acuerdo con una entrevista a Salvador Ramírez, encargado del evento conmemorativo de los 34 años del festival en 2005 por la revista Contacto, “Avándaro fue el primer foro en donde la juventud se pudo reunir para expresar sus inquietudes y frustraciones, de mostrarse tal y como eran. Fue un parte aguas en la vida nacional por como estaba la situación social en esos momentos, los hombres y mujeres que participaron en el festival son los que hoy dirigen el destino de México”, dijo, hecho que Lora confirmó también.

“Lo que es muy de resaltar es que fueron casi 500 mil personas y no hubo nada que lamentar, miles de personas en santa convivencia con la música, el desmadre y el rock n’ roll. La que gente que fuimos, que lo vivimos y estuvimos ahí, en este momento somos gente de bien, profesionistas, padres de familia, trabajadores, gente de bien que fueron a convivir con la naturaleza y la música”, comentó en entrevista el líder de El Tri.

Sin embargo el grito de “chingue a su madre el que no cante”, en dos ocasiones, por parte de Ricardo Ochoa, vocalista de Peace & Love, que en ese momento interpretaba We Got the Power a la vez que se transmitía por Radio Juventud (660 am), fue suficiente para que el rock nacional fuera reprimido y los masivos estuvieran prohibidos, llevando al género a buscar otros escenarios y foros.

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